Homenaje a Susana Cabuchi

La ajustada mirada

Por Silvia Barei/ Julio Castellanos  

Susana Cabuchi nació en Jesús María, provincia de Córdoba, en 1948 y murió el 26 de julio de 2022 en la misma ciudad. Referencia ineludible de la poesía de Córdoba, se destacó desde muy joven por su primer libro, El corazón de las manzanas (1977), con prólogo de Alejandro Nicotra e ilustraciones de Hugo Bastos. De este libro Joaquín Giannuzzi dijo: «Su transparencia me permite saber en todo momento de qué se está hablando, pese a que el sentido, paradójicamente, resulte complejo».

Cursó la carrera de Letras Modernas. Participó y coordinó numerosos talleres de poesía, encuentros y congresos. Reconocida internacionalmente, sus poemas han sido traducidos al italiano, al francés, al árabe y al portugués por escritores, poetas y traductores cordobeses. En 2012 ganó el premio “Hacedores culturales independientes”.

La Universidad Nacional de Córdoba le rinde un homenaje especial al publicar su Obra Poética Completa[i] que incluye sus libros: El corazón de las manzanas, 1978;Patio solo, 1986; Álbum familiar, 2000; Detrásde las máscaras, 2008; El viajero, 2018 y Siria, 2022.

Susana Cabuchi fue discípula dilecta de Alfredo Martínez Howard, cuyo notable magisterio en Córdoba se extiendió entre los numerosos seguidores de su poesía. Abrió generosamente su casa, sus poemas y sus lectores lo rodeaban en tardes apenas dibujadas entre las azules serranías, convocados por una palabra ajustada a las sutilezas de su lectura.

Así, escribe la poeta en Patio Solo: “Ha llegado la carta // Está sobre la mesa, / al lado de las flores. / La miro / largamente. / Conozco la letra. // Pero la leeré / a la medianoche, / cuando los trenes / que pasan hacia el norte / hagan temblar / los vidrios de la casa”.

Este poema, largamente celebrado en las oportunidades en las que lo leyó Susana, es parte de un conjunto de ejecución precisa y sugerente, que culmina con un texto en homenaje a Alfredo Martínez Howard, su maestro.

Por su parte, Álbum familiar es un libro felizmente prologado por el notable poeta y crítico Ricardo H. Herrera quien escribe: “Evidentemente, la moderación y el laconismo constituyen rasgos consubstanciales a la personalidad literaria de Susana Cabuchi; una poeta que, a pesar de sus largos períodos de silencio, ha secundado con fe, con autenticidad, su vocación más íntima, extrayendo todas y cada una de sus pocas palabras de la sola cantera que cuenta: su propia vida.”

Así lo dice el bello poema que da título al libro: “Los padres / fueron una vez / a Mendoza. / Me dejaron / una foto con nieve / a orillas del camino / con un gran auto negro / y con amigos. // Me dejaron / una foto con nieve / y este frío”.

La ajustada mirada puede señalarse como elemento notable de la poesía de Cabuchi.  Los protagonistas que recorren sus poemas, que los habitan, lo hacen como eficientes actantes, casi fantasmales apariciones que van a enredarse en la subjetividad enunciante. Hay una distancia ceñida a la mirada que habla, la que mantiene esa cierta distancia, y marca los contornos de lo poetizado.

Cabuchi cuenta historias con elementos tan elusivos como alusivos. Sus protagonistas están habitados de silencio y movimientos tenues, apenas señalados, pura significación simbólica y precisa. Porque Cabuchi es una poeta lacónica, que hunde su subjetividad en el mar del otro y desde allí canta.

Con una notable economía de elementos, cada sujeto y cada objeto que habitan el poema constituyen una suerte de flor metafórica que nace abriéndose en significaciones, floreciendo y connotando. Las vivencias nacen entre las líneas mismas de su escritura, y constituyen un acto de presencia: la familia, los vecinos, los viajeros y peregrinos, las máscaras del carnaval, los poetas que nos precedieron.

Poemas desgarrados en expresividades mesuradas y de profunda intensidad que no reniegan sin embargo, de la delicadeza de la expresión y la bella musicalidad de las palabras ajustadas a la verdad esencial que todo poema auténtico guarda y resguarda.

En 2022 Editorial Barnacle pública su último libro, Siria, texto que Susana venía escribiendo desde varios años antes, conmocionada por la invasión estadounidense a la patria de sus mayores, y respondiendo de algún modo al pedido (recibido en plena noche) de una prima de su padre que le pedía: “Susana, escriba sobre Siria”.

Podemos preguntarnos qué desata, qué provoca y qué convoca esa llamada, esa súplica, ese mandato que pide escritura, que deviene finalmente un libro de poemas que se abre con un texto publicado en el primer libro  – El corazón de las manzanas-   cuya “Carta a mis abuelos” finaliza diciendo:

“Ahora/que duermen con todos los parrales/en la tumba y que en la casa/no están ustedes/ y han muerto/los canarios,/les prometo/un racimo de uvas/este verano.”

Cuarenta años después, acota Susana al pie de su nuevo libro: “Lo  incluyo en Siria porque escribiéndolo entendí la promesa realizada en sus versos finales. Aquel racimo de uvas era este libro”.   

Y había que volver a Siria, a la tierra remota de donde habían venido esos Kaboucchi perseguidos y exiliados, para reencontrar a la familia que vive en Damasco, la presencia alegre y de otro tiempo de George y Jeanette, los lugares que se visitan como un santuario, el idioma que se desconoce pero que devuelve con otro acento la propia historia de vida:  “La familia me habla en arameo…/nos abrazamos/nos entendemos desde siempre…”

Dice Jorge Fondebrider en el Prólogo de  Siria: “Susana … con enorme destreza, zurció la memoria familiar con la memoria de lo que vio, dando lugar a este magnífico libro”

Y efectivamente es así porque en Siria se ensayan otros modos de decir la propia poesía, se reencuentra la amplitud de una experiencia y la madurez de un lenguaje que es emoción y promesa, movimiento rítmico y metáfora contenida. Es tensión entre la información escueta y el modo de transmitir las vivencias, devenidas con este libro, uno de los capítulos más intensos de la poesía argentina actual.

Como hemos dicho, la fuerza de esta escritura pone al otro, a los otros/ as en las líneas de una enunciación personal que hace de la literatura, “ un lugar para que el otro pueda hablar” (diría Ricardo Piglia) y a través suyo, hablan también las palabras de una lengua antigua, habla el tiempo pasado, habla el lenguaje del desierto y del agua, hablan la risa y el asombro o incluso, lo que ha querido ser borrado: “Quién contará los muertos?/Quién levantará los escombros/en Palmira?”.

Y habla también lo que sólo puede decirse con voz desencajada: “Yo no sé si esto es poesía/mi querida,/es un grito”.

La tensión entre política y poética atraviesa Siria y expresa el dolor del mundo actual de un modo conmovedor. No es posible distraerse con este libro entre manos, no atender nada más que a sus palabras, no es posible interrumpir la lectura hasta sus últimos versos:

“Así viajé,/así fui recibida/y ascendí las escaleras de la Casa del Escritor/ y escuché mis poemas/ leídos en una lengua siempre renacida/y los leí en mi idioma/y lloramos cantando/como en Uruk y en Babilonia/asistidos/por la Poesía/que en Siria/es la Patria de todos”.

En la poesía de Susana Cabuchi nos está dado constatar la honda subjetividad de la que se alimenta su palabra rigurosa vuelta experiencia y vivencia esencial.

También sabemos que el oscuro furor del tiempo la dejará ilesa. Su obra ya completa, es una prueba de ello.


[i] Obra poética completa, Susana Cabuchi, edición a cargo de Graciela Ferrero, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2026.

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2 comentarios en “Homenaje a Susana Cabuchi. La ajustada mirada”

  1. Excelente tu cometario/ homenaje Silvia, en recuerdo de la sensible y generosa poeta que fue Susana Cabuchi. Tuve el honor que presentara mi libro «Sobre el cristal del papel» en el 2004 en la Biblioteca Córdoba…» Y me suben a la boca/ dátiles como hostias/ y aquella fe en El Libro/ que nunca dejaron de leer…»

    1. Gracias Alfredo, amiga y poeta entrañable. Más cercana o más lejana en Córdoba estuvo cerca de todos. La edición de la Universidad es muy bella. Abrazo

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