Hermetismo y Ciencia, de Alberto Pitarch

Por Beatriz Ramada

Una vez más la editorial Libros del Innombrable nos presenta un título “poco convencional”: Hermetismo y Ciencia[i]. Gracias a la labor de su editor Raúl Herrero, heredero de un oficio vocacional, se permite al lector acceder a espacios hoy en día marginales, en un mundo donde prevalece la cantidad sobre la calidad. No está de moda cultivar el pensamiento y al hombre cada vez más aletargado le parece baladí o irrelevante hacerse las eternas preguntas que pueden conducirlo al Conocimiento con mayúsculas, a su identidad: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?

Con respecto al libro del que aquí se trata, recoge una serie de testimonios –la mayor de las veces inéditos– fruto de la labor de investigación y traducción del autor, en ocasiones a través de manuscritos de diversas bibliotecas como la de Oxford, acerca de personalidades que vivieron en los albores de esos primeros tiempos de lo que se ha dado en llamar la ilustración científica y entre los que destacan Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Johannes Kepler, Tycho Brahe, Isaac Newton, entre otros. Ahora bien, no se sigue en sus páginas la metodología universitaria de fechas y datos ensalzando la ciencia tal y como se entiende hoy en día asociada a una visión parcial y limitada bajo la tiranía del racionalismo, el positivismo y un supuesto progreso que está destruyendo la esencia misma de nuestra cultura, sino de ir revelando el vínculo de los citados autores con el Hermetismo, esto es con la tradición esotérica propia de Occidente.

Cabe recordar que el dios Hermes del panteón grecorromano es hijo de Maya, una de las siete Pléyades, hijas de Atlas, y que se lo ha considerado desde la Antigüedad como un mediador entre los dioses y los hombres, mensajero alado y numen benéfico, inventor del lenguaje que transmite a los hombres la Ciencia Sagrada, esto es el corpus de Ideas arquetípicas y de los Principios universales en los que se sustenta el Cosmos. Esta entidad, presente en todas las tradiciones bajo diversas advocaciones, ha sido encarnada en todo tiempo y lugar por una cadena de sabios e inspirados conformando la cadena áurea, cuyos integrantes se han servido del libro como un medio para legarnos esta Sabiduría Perenne de origen atemporal. Es en el libro Hermetismo y Masonería (publicado por Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016) de Federico González –uno de los eslabones de esta ilustre cadena– donde Alberto Pitarch se ha inspirado, tal como él mismo reconoce, para comenzar la investigación y elaboración de la obra aquí reseñada.

Los científicos a los que se hace referencia no eran ajenos a la corriente sapiencial propia de Occidente, que desde luego no menospreciaban, sino que abrevaban en sus fuentes.  A veces se los ha tildado de religiosos de una forma peyorativa como si esto los hiciera “menos científicos”, pero en realidad ellos empleaban un lenguaje espiritual que les permitía servirse de imágenes para dar nombre a un conocimiento que reconocían en mayor o menor grado y que excedía lo físico y material. Entendían la ciencia como una forma de la filosofía (amor a la Sabiduría), o lo que es lo mismo, como un vehículo para comprender el Cosmos Vivo y revelado donde se reflejaba la luz intelectiva del Verbo, del Espíritu, manifestada en un lenguaje matemático capaz de ser inteligido y por lo tanto experimentado en los diferentes grados de la manifestación. 


“El Padre Tiempo me puso en la tierra

y me entregó la llave para poder entrar.

Me dijo que abriese la puerta.

Le respondí que una llave no bastaba para doce cerraduras.

Me dijo que uno no puede esperar que caiga un árbol de un solo golpe,

y quien abre una cerradura ya ha empezado a abrirlas todas.

¿Por qué cerradura me recomiendas empezar? Le pregunté.

Me dijo: persigue primero el secreto que buscan todos los sabios:

el primer principio que organiza el caos de la materia, nuestro mercurio,

después busca el vitriolo y el sulfuro, tan valiosos,

pero con la llave del mercurio te bastará para abrir la primera puerta.

Con la pesada llave del conocimiento entre mis manos empecé a

buscar el hueco de la cerradura.

La llave se movió con una astucia propia,

y todas las cerraduras se abrieron de golpe.

En la entrada de la puerta

reconocí la cara de varios filósofos

que especulaban sobre materias secretas:

Hermes, Democritus, Bacon y Rammund,

el profundo monje de Bridlington y muchos otros”.

(Isaac Newton,1643-1727, Textos alquímicos. Citado en el libro)


El punto al que ha llegado la ciencia moderna no abre puertas, las cierra. Y aunque reconoce a estos autores como sus pioneros, niega, o en el mejor de los casos relega a algo anecdótico y superado, sus orígenes vínculados a la mencionada Tradición Hermética, cerrando así la puerta a su esencia misma como vehículo de conocimiento. Invertida su función se ha transformado en agente disolutivo de nuestra propia cultura y civilización.

Quizás sea este libro una llave que nos conduzca a la puerta del pensamiento y seamos capaces de pararnos a reflexionar sobre esas materias secretas que parecen contener respuestas a esa esquiva identidad, anhelo incesantemente del alma.



[i] Hermetismo y Ciencia, Alberto Pitarch, Col. Aleteo de Mercurio nº 11, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.

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