Guerra hegemónicas en un mundo en conflicto[i]

Por Jeremías Biglia[ii]

Vivimos en un mundo que está en constante transición que, en consonancia con el modelo de producción reinante (el capitalismo) es cada vez más dinámico e inestable. Estas alteraciones en el escenario mundial ponen en tensión el orden establecido y los principios y valores que rigen en el plano internacional. 

En términos políticos, el mundo posterior a la caída de la URSS significó la pérdida de equilibrio de un modelo de bipolaridad establecido mediante el “sostenimiento de la paz” a partir de la capacidad disuasiva de las principales potencias y sus respectivas alianzas estratégicas que organizaban el mundo en dos polos en disputa hegemónica.

La globalización, si bien avanzó en los aspectos económicos, tecnológicos, culturales, no lo hizo en uno: en el aspecto político-militar (Hobsbawm, E. 2012). Para el autor, los estados siguen siendo las únicas autoridades reales. No existe aún, una institución supranacional capaz de gobernar el mundo. Para el historiador británico, oficialmente, existen más de doscientos estados, pero solo un puñado tienen peso, y de todos ellos Estados Unidos es el más poderoso.

La era del imperialismo norteamericano, básicamente de Estados Unidos como el “policía del mundo”, signado por la unipolaridad propia, que propició la caída de su rival ideológico, político y militar (URSS), significó el desarrollo de una política internacional unilateral y “aplastante” (Ramonet, I. 2002); si bien implicó un dominio con una supremacía como ningún imperio quizás tuvo antes: política, económica, militar, tecnológica y cultural, tal despliegue de poderío resulta engañoso. 

Las guerras de Ucrania y el conflicto iraní son quizás los ejemplos actuales más marcados de la unipolaridad y de la era de oro de los Estados Unidos (junto a las instituciones económicas que lo respaldan). Sumada a la desintegración de la URSS, la emergencia de China como centro de poder no ha hecho más que profundizar la inestabilidad existente en el orden político internacional. 

A pesar de ello, ¿estamos frente al retorno de la Guerra Fría? ¿Nos situamos ante un nuevo orden mundial en el que Estados Unidos pierde su hegemonía? ¿Es el retorno de Rusia?; ¿Y China qué lugar ocupa? Son algunos de los interrogantes que orientan este ensayo y que brevemente abordaremos. 

Los antecedentes desarrollados previamente serán sostén de nuestro proyecto. Principalmente a partir de los autores relevados en la unidad tres, que estuvieron orientados a reflexionar sobre los “cambios polares y guerra hegemónica”. A partir del problema planteado, solo buscaremos una aproximación al entendimiento del fenómeno para someter esta problemática a la reflexión y a una mejor comprensión de ésta.

Desarrollo. Vestigios de la Guerra fría

El siglo XX ha sido uno de los períodos más interesantes y analizados quizás en la historia de la civilización humana. Ya que en él se han dado, por ejemplo, la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Siendo quizás, las más sangrientas de la historia. Al finalizar la   Segunda Guerra  Mundial, Estados  Unidos y la URSS quedaron posicionadas como las dos grandes superpotencias del globo. 

Hobsbawm afirma que se dio un equilibrio muy desigual de poderes entre ambas. Esto basándose principalmente en los territorios que ocupaba cada uno; mientras que la URSS dominaba en las zonas ocupadas por el ejército rojo y algunas otras fuerzas comunistas al final de la guerra, y sin intentar extenderse territorialmente mediante un conflicto bélico, EE. UU controlaba el resto del mundo capitalista, la totalidad del hemisferio occidental y los océanos, sumado a las colonias que aun existían de los viejos imperios de las potencias europeas. Ambas potencias, en base a este acuerdo, llegaron a un punto, por un tiempo bastante prolongado, de convivencia pacífica; una confiaba en la moderación de la otra.

Aunque siempre se agitó, principalmente desde el bando occidental, la inminente posibilidad de una tercera guerra, en los hechos, los bandos fueros muy respetuosos de los acuerdos que habían hecho en la posguerra.  Más allá, de que no es posible sostener que fue un mundo en donde el ordenamiento bipolar significó un orden sin conflictos mayores (Corea, Vietnam, Afganistán), si signó un mayor nivel de estabilidad y de equilibrio entre las dos potencias en tensión, que nunca tuvieron un enfrentamiento directo entre sí, a partir, sobre todo, de que su capacidad militar como poder disuasivo, limitaba los márgenes de acción de cada uno, y establecía un orden de seguridad previsible y perdurable durante décadas. Incluso en momentos de suma tensión como fue en Cuba durante la crisis de los misiles[iii].

Sin lugar a duda, la necesidad de contener a la URSS y viceversa, traía desde el lado de cada bando, desde la perspectiva de la seguridad nacional, sistemas institucionales y regímenes de alianza en el marco de un sistema de cooperación en términos económicos y militares. Por un lado, la OTAN en el bando occidental y el pacto de Varsovia en el bando comunista. En este punto se termina de comprender algo que autores como Waltz (1979) plantean como un concepto central en la teoría estructural realista es el sistema internacional.

En su elaboración de la teoría sistémica, plantea que un sistema internacional está compuesto por la estructura y por unidades interactuantes que son los estados. La estructura es el componente del sistema en su conjunto y hace posible pensar en el sistema como un todo; representa la forma mediante la cual las unidades se combinan para formar una totalidad. 

Uno de los componentes de la estructura (quizás el más importante) es el grado de concentración o de difusión de las capacidades dentro del sistema, lo que se traduce en sistemas multipolares, bipolares y unipolares, de acuerdo con el número de actores importantes o a la distribución de capacidades entre las unidades. Por ende, el fin del imperio soviético implicó un cambio radical en ese ordenamiento. 

Capitalismo e Imperialismo[iv] 

El derrumbe del imperio soviético implicó la consolidación del capitalismo como fenómeno totalizante y la cúspide de la hegemonía norteamericana bajo su proyecto imperial. Por supuesto, ya el marxismo en sus diferentes variantes, han realizado numerosos aportes de la relación entre el capitalismo, la sociedad civil y el Estado. Sin intentar resolver los debates entre el materialismo histórico que dan mayor preponderancia a la base material, las relaciones de producción, frente a otras corrientes como la de Gramsci y sus seguidores, que abren otros horizontes analíticos al colocarle a la sociedad civil el lugar donde se produce y reproduce la ideología, no se puede negar la relación que existe entre el capitalismo, la política y la relación entre los estados. 

El capitalismo, como bien señala Wallerstein (2004), es un sistema histórico y obviamente se relaciona con el capital, cuya acumulación es incesante, permanente, persigue su propia expansión, podemos decir que ese es su objetivo. Es Immanuel Wallerstein, quién identifica al capitalismo como economía-mundo, es decir, una dimensión de los sistemas históricos que tienden a ser mundiales, de allí que la denominación caracterizada con el guion (sistema-mundo) implique que no necesariamente cubre todo el mundo o que no haya zonas de éste que no reconozcan formaciones económicas capitalistas. 

Como bien puede leerse en Marx en su crítica a Adam Smith, los mercados no son formaciones que nacen in abstracta, sino construcciones, moldeadas, institucionalizadas en donde la política es insoslayable. En este marco, es Lenin, quién advierte en el proyecto imperial al capitalismo como su fase superior, va a decir que “a consecuencia del monopolio preponderante de los países más ricos, la acumulación del capital alcanza en la época del imperialismo proporciones gigantescas, y el “exceso” de capital es exportado a los países atrasados, donde las materias primas y la mano de obra son baratas, y las ganancias de los capitalistas fabulosamente grandes”. (Lenin, V. 1916) Con esto, lo que queremos sostener es que el proyecto estadounidense post Guerra fría fue convertirse como la única “superpotencia hegemónica” (Hervey, D. 2004), que actúa como policía del mundo y que controla los principios y relaciones que rigen (al menos momentáneamente) en el plano económico. 

Durante décadas es esa supremacía de los norteamericanos, que posibilitó el accionar de los mismos, como una hiperpotencia que, por ejemplo, como dice Ramonet (2002) ha exhibido en Afganistán, ha expuesto su hegemonía imperial de tres maneras: aniquilando al régimen talibán y las redes de armas de al-Qaida (al menos transitoriamente); poniendo una coalición diplomática de apoyo a su acción como represalia con la contribución de Rusia y China; y al mismo tiempo limitado al mínimo la referencia a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).  También vale recordar, el papel estadounidense en la guerra de los Balcanes y los bombardeos sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU; el cerco a Rusia mediante los avances de la OTAN; la invasión a Irak, etc. 

De la Unipolaridad a la Multipolaridad

Estados Unidos, luego del declive soviético, se convirtió en una potencia cuya pretensión fue el dominio del poder global. Esta pretensión imperial fue parcialmente lograda a partir de las diferencias existentes entre los estados en términos tecnológicos, económicos, pero sobre todo por la supremacía en cuanto a su tecnología militar. 

“El poder es la capacidad combinada de un Estado. Los neorrealistas utilizan dicho concepto como una característica que define la estructura, dependiendo de su distribución y de los cambios dentro de ésta, al presentarse la polaridad” (De Albra, J. Año). En esta línea, Waltz (1979) advierte que un poder sin equilibrio, sin importar quien lo posea, es un peligro para los demás. El Estado poderoso podría pensar en sí mismo actuando en pro de la paz, la justicia y el bienestar del mundo, pero sus acciones podrían estar en conflicto con las preferencias e intereses de los demás. 

Este es un punto importante para considerar cuáles son las posibilidades de que una sola potencia pueda ejercer la gobernanza unilateral del planeta. Sobran ejemplos en donde se evidencia el uso abusivo y discrecional de ese poder en relación con los demás estados y las instituciones de las Relaciones Internacionales: los bombardeos en Irak sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU[v]; con los bombardeos sobre la ex Yugoslavia[vi]; incluso el intimidante ataque a la embajada China en Belgrado en 1999. 

Pero, como dice Hobsbawm (2006), “el mundo es demasiado complicado para que ningún Estado lo domine por sí solo”. El autor, va a fundamentar que, a pesar de la superioridad militar, EE. UU cuenta con activos decrecientes o potencialmente decrecientes. Por ejemplo, la economía estadounidense, constituye una parte relativa cada vez menor de la economía global. Lo demuestra la consultora McKinsey & Co., a través de un elaborado informe titulado ‘El auge del balance mundial[vii]: ¿en qué medida estamos utilizando nuestra riqueza de forma productiva?’, que ha anunciado el cambio de ‘líder’ en la economía mundial.  Según el estudio, China ya es el país más rico del mundo y el país asiático desbanca de esta manera a Estados Unidos de su privilegiada posición. 

A su vez, la ASEAN (Asociación de Países del Sudeste Asiático), junto con la República Popular de China, ya representan más del 60% de la economía global y crece al doble del promedio internacional. 

Por otra parte, en términos de las dificultades para garantizar la seguridad global y la profunda desestabilización del mundo actual, Medio Oriente es solo un ejemplo. En Europa el hecho de hacer de la OTAN una policía militar para EE. UU sabotea deliberadamente a la Unión Europea y la credibilidad en las Naciones Unidas, la cual está cada vez más cuestionada. 

Es acertado tomar la idea de Foucault, de que los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red de poder. Es decir, donde hay poder hay resistencia. Creemos que esta noción, entre otras, dejan entrever la imposibilidad de que un solo Estado, una sola potencia por si sola gobierne el mundo. Sobre todo, en este mundo, donde los fenómenos como la globalización, la crisis del concepto Estado-Nación, el trans nacionalismo propio del capitalismo tardío, traen de la mano consecuencias (para bien y para mal) mediante los avances tecnológicos.  

Es desde esta idea que se piensa en una sociedad híper conectada, una aldea global, regida por el dato y la dinámica del capitalismo financiero y cognitivo. Como una especie de universalismo informático y financiero donde existe un orden político mundial y social organizado a través de estas nociones.  

A partir de esto, podemos pensar que las relaciones sociales tradicionales han cambiado con la emergencia de las tecnologías digitales e internet y que, las mismas han adquirido una importancia significativa a la hora de articular relaciones sociales, resolver problemas específicos, que ponen en tensión las anteriores concepciones del poder y la soberanía. En el contexto de la gubernamentalidad (Foucault, M. 1987) se apela a nuevas formas de juridicidad.

He allí una doble maquinaria de poder, por un lado, la razón jurídica, propia de lo que definimos con el poder soberano que establece límites, firmes determinaciones de límites frente al poder del Estado como sustracción de bienes, pero en última instancia también de vida.  Por otro lado, el poder de constricción de una legalidad fáctica con pretensiones de normalizar desde la nueva metafísica de la estadística: gobierno/gubernamentalidad, Estado/Oikonomía. 

Para resumir brevemente la idea, lo que queremos decir con esto, es que no podemos desconocer aún, la supremacía que existe de los Estados por las demás instituciones en cuanto al ejercicio del poder a nivel internacional continúa siendo los actores centrales en ese contexto. Pero, ese orden mundial está en constante tensión también por las determinaciones estructurales que imponen las relaciones sociales de producción. Como dicen Michael Hardt y Antonio Negri (2000), desarrollaron en Imperio, que conciben a la globalización en el contexto del capitalismo como un proceso «irresistible e irreversible».  (A pesar de que la pandemia y las guerras lo pongan en cuestión).

Para finalizar en este punto, por muchas de las consideraciones anteriores vamos a sostener que el mundo actual se encuentra en un contexto de la multipolaridad. Waltz (1979) consideraba que el sistema más inestable se daba en un contexto multipolar, pues con más de dos potencias, los Estados dependerían tanto de sus esfuerzos internos como de alianzas con los demás para salvaguardar su seguridad, con la complicación añadida de la posible inestabilidad de las alianzas, lo que lleva a otro concepto fundamental: el dilema de seguridad. La ecuación se dificulta aún más, dada la incertidumbre respecto a las capacidades de los Estados.

La emergencia de lo real: Guerra en Ucrania

La Cortina de Hierro volvió a abatirse sobre Europa y todo el planeta. Inició un nuevo mundo y clausura de una era. Un orden internacional decrépito, viejo, de ochenta años, que persiste contra natura tras la implosión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), al servicio de una “Pax americana” que ya no puede garantizar la estabilidad y la sumisión necesarias al desarrollo sin límites del capitalismo occidental.

 Un mundo cada vez más poblado y desigual que ya no resiste al orden de la democracia neoliberal y exige desesperadamente una gobernanza multilateral más justa y equitativa, que dé sentido a los conceptos de democracia, libertad, igualdad, soberanía, cooperación y desarrollo. La guerra, quizás no es el camino adecuado para alcanzar esos objetivos y demuestra las nulas lecciones aprendidas por la dirigencia mundial de la pandemia, cuando el mundo se encamina de forma acelerada hacia el colapso ambiental, la disolución de las democracias y una nueva amenaza nuclear. 

De repente, la soberanía, los Estados, los nacionalismos, la conquista de territorios, los recursos, la guerra de trincheras y las armas nucleares vuelven a los primeros planos. Evidencia, que actores de peso (como Rusia y China), no están en condiciones de seguir aceptando las condiciones y las reglas de juego impuestas por los americanos como lo fue desde finales de los 80 hasta la actualidad. En el centro del conflicto ucraniano, se encuentran una vieja promesa incumplida y una organización de otra era. Creada en 1949 en el marco de la Guerra Fría para proteger a sus miembros de un ataque externo (soviético) la alianza militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no sólo sobrevivió al derrumbe del bloque comunista y de su organización homóloga del Pacto de Varsovia, sino que, contra los acuerdos de palabra establecidos por el entonces presidente de Estados Unidos, George H. Bush, y su secretario de Estado, James Baker, con Mijaíl Gorbachov[viii]  para que acceda a la reunificación alemana, se fue expandiendo cada vez más hacia el Este, desplazando armamento e interviniendo en regiones que los países con pasado, vocación y poder imperiales, como Rusia, consideran “zonas de influencia” propia. O, dicho llanamente, su “patio trasero”. Aspectos cuestionados incluso, por alguien como Henrry Kissinger, quien advirtió desde el realismo político, los riesgos y lo inconveniente para la estabilidad europea que implicaba el afán de ampliar la OTAN hacia el Este y rodear a Rusia[ix]

Pero, a diferencia de la estrategia de Trump, con la administración actual, la razón de este avance deriva de la necesidad de Estados Unidos de controlar cualquier veleidad de independencia o inclinación oriental por parte de los europeos, coartando la posibilidad de una Europa “del Atlántico a los Urales”, como soñaba Charles de Gaulle. Sabemos del deseo sobre todo de Francia y de Alemania, de contar con una política de seguridad autónoma, con menor influencia de los Estados Unidos (Kissinger, H, 1979). Pero otra de las razones, señala el intelectual estadounidense Noam Chomsky (2022), se trata de mantener el control de los recursos energéticos: “La OTAN cambió su función, que pasó de ser la defensa, en teoría, de Europa Occidental al control del sistema energético mundial..  [Este] …incluye las vías marítimas, los gasoductos y los oleoductos; en una palabra, el mundo entero”.

En efecto, un Estados Unidos autosuficiente en energía, gracias al petróleo y el gas obtenidos por las técnicas de “fracking”, fue viendo como una amenaza el abastecimiento de Europa Occidental por parte de Rusia, y se propone actualmente dominar el mercado energético mundial. Lo demuestran sus sucesivas intervenciones en Serbia, Libia e Irak, al margen de la Organización de las Naciones Unidas, que a esta altura parece completamente incapaz de cumplir su misión originaria de velar por la paz y la seguridad del mundo. Estas intervenciones, sumadas a una serie de “revoluciones de colores” liberales y “espontáneas” en los países del antiguo bloque soviético, fueron exacerbando a Rusia y generando un círculo vicioso de retroalimentación. Estos fenómenos, preocuparon durante mucho tiempo al actual presidente ruso, Vladimir Putin, quién vio en la caída de Yanukovich, el accionar de la secretaría de Estado de EE. UU como lo expresa Lee Mayers (2016) en la biografía de Putin. 

Ucrania fue la línea roja de esa escalada. País plural, multirreligioso y bilingüe, con una importante población rusófona en el sudeste, principalmente en la región del Donbás, se encuentra en un péndulo permanente desde su independencia en 1991, oscilando entre el Este y el Oeste, entre su herencia soviética, su dependencia energética de Rusia y sus lazos orientales, y sus vínculos greco-cristianos, sus necesidades comerciales y su atracción hacia la modernidad propuesta por la Unión Europea (UE).  Las revueltas de la Plaza Maidán (noviembre de 2013-febrero 2014), que derrocaron al régimen prorruso de Viktor Yanukovich y volcaron a Kiev a la órbita europea, fueron replicadas por Rusia en 2014, con la anexión de la estratégica península de Crimea, tras un controvertido referéndum. En abril de ese mismo año, las protestas prorrusas en la región del Donbás derivaron en una guerra entre el poder central en Kiev y las fuerzas separatistas de la región, que autoproclamaron las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. 

Para Occidente, que impuso cada vez más sanciones a Rusia a modo de castigo, Ucrania, pese a su cleptocracia rampante, pasó a constituir un modelo de democracia y un ejemplo en la defensa de la soberanía. La incapacidad para respetar las soluciones negociadas al conflicto, y los coqueteos cada vez más intensos de Kiev con la OTAN culminaron el 24 de febrero de 2022 con la invasión a Ucrania por parte de Moscú, denominada “operación militar especial” por el presidente ruso Vladimir Putin. Sin salida más allá de intentar comprender las raíces del conflicto, ver en la invasión un acto de justicia reparadora implica observar el mundo con anteojeras. 

Aunque sean atendibles sus críticas a la hegemonía estadounidense y sus llamados a un mayor multilateralismo, el régimen de Putin es cada día más autoritario y represivo, y no puede representar una opción superadora. Su “operación militar especial” parece de hecho haber logrado el efecto adverso al que se proponía, ofreciendo en bandeja un nuevo villano a Occidente (y un nuevo héroe, encarnado por el presidente ucraniano Volodimir Zelensky), cerrando las puertas a un diálogo multilateral equilibrado, incrementando la sumisión de Europa a la voluntad de Estados Unidos (desperdiciando todo lo hecho por Donald Trump) y fortaleciendo a la misma OTAN que buscaba repeler, logró incluso llevar a su regazo a las neutrales Suecia y Finlandia[x]. Hasta los aliados de Rusia empiezan a manifestar su preocupación por las consecuencias imprevisibles del conflicto[xi].  Pensada o presentada como un ataque relámpago, la “operación militar especial” lleva más de cuatro años de guerra y se muestra cada día más como un conflicto irresoluble desde lo militar, que puede terminar en una salida negociada entre Putin y Trump, alejando a Estados Unidos de un aliado histórico como lo fue Europa central. 

Irán, el petróleo y la crisis

Por su parte, Oriente Próximo ha sido zona de tensión y de disputa repetidamente en la historia. Se ha caracterizado por ser una región que no ha podido alcanzar ni definir en términos de Kissinger (2014), un concepto definido de “orden internacional” y se propuso más bien, a derrocar los órdenes vigentes a nivel mundial y regional en beneficio de una visión universal, mediante la profusión de absolutismos proféticos y religiosos. 

Por los valiosos recursos económicos que cuenta (petróleo) ha sido permanentemente una zona en conflicto y de disputa entre las grandes potencias. Cuenta de ello, es la actual guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que comenzó tras una serie de bombardeos repentinos el 28 de febrero de 2026, y mantiene una intensa dinámica de ataques y negociaciones. El conflicto se ha caracterizado por enfrentamientos bélicos, presión geopolítica y esfuerzos diplomáticos paralelos para destrabarlo. 

El estallido del conflicto en Medio Oriente no es un hecho aislado, sino el síntoma definitivo de un sistema global fragmentado que transita hacia la multipolaridad a través de la fuerza. Como se mencionó anteriormente, estamos frente a un orden internacional decrépito en donde los movimientos de las grandes potencias están redefiniéndose permanentemente y reconfigurando las instituciones anteriores, sus estrategias de alianzas, etc. En ese marco, el gobierno de Donald Trump sintiéndose fortalecido luego de su accionar en Venezuela tras la captura del presidente Maduro[xii], a pesar de algunas advertencias y resistencias del propio Pentágono[xiii], y siguiendo a su aliado principal en la región de medio oriente (Israel), se propuso realizar acciones cuyo objetivo principal era el cambio de régimen en Irán, un régimen heredero de la Revolución Islámica de 1979. Además, eliminar la potencial capacidad nuclear del estado persa y un conjunto de objetivos siempre cambiantes a raíz de los resultados militares de Estados Unidos en Irán.  Con la guerra ahora en otro estadio, como describe el director de Eurasia Group, Ian Bremmer (2026): “del cual no se sabe cómo va a terminar”, la lista de metas de Donald Trump se ha reducido a solo una: el control del Estrecho de Ormuz, el paso más vital para el suministro energético mundial. 

Un despliegue de tácticas que combinan ataques destructivos, desinformación y penetraciones sostenidas, drones, misiles de bajo costo, se acercan a lo que Frank G. Hoffman (2007) denominó “guerra híbrida”, propio de los conflictos militares contemporáneos, cuyo resultado, potencias con marcada superioridad militar, no necesariamente pueden traducir esa diferencia como resultado en el campo de batalla.  Como consecuencia de ello, en el momento actual, el conflicto se reduce al control sobre Ormuz. Éste, se ha convertido en el foco de la guerra. Irán ha impuesto un cierre de facto al amenazar a barcos comerciales y atacar algunos de ellos. Eso ha bloqueado aproximadamente el 15% del suministro mundial de petróleo, así como las exportaciones de gas natural licuado (GNL) de Qatar, el mayor productor mundial de este recurso (representa el 20% de las exportaciones globales de GNL).

EE. UU.-China: ¿Trampa de Tucídides[xiv] o paz armada?

Estamos indudablemente en un contexto global en donde potencias y/o estados revisionistas[xv] han demostrado a sobradas cuentas de que no están dispuestos a aceptar las normas de juego en el tablero internacional que se forjaron posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos los propios Estados Unidos[xvi]. El retorno de Rusia como actor relevante al menos como potencia militar, el rearme de los países que integran la Comunidad Europea, la amenaza nuclear renaciente, el reestructuramiento de las alianzas políticas y militares en pos de la seguridad, etc. Estamos frente a un mundo que indudablemente no es el mismo al de hace una década.

La experiencia de la pandemia, en lo que Lacan denomina como la “emergencia de lo real”, significó un freno al proceso lineal e ilimitado del capitalismo neoliberal y de las instituciones de la gobernanza internacional. Implicó el retorno del Estado como principio organizador de la vida social y política; y se generaron desacoples en las cadenas de suministros que afectaron la dinámica económica del mundo. 

Aun así, el capitalismo a pesar de las sucesivas crisis a las que se enfrenta (crisis ambiental, pobreza, crisis alimentaria, la deuda, guerra comercial), continúa siendo el sistema productivo hegemónico vigente, y en el corto plazo es difícil entrever alternativas que lo pongan en disputa. En todo caso habrá que analizar el impacto de la IA en dicho proceso, pero quizás será tema de discusión para otro ensayo. 

La URSS, al menos proponía a su bloque una utopía basada en los ideales de la revolución bolchevique y de la fraternidad (claramente muy alejada del socialismo real). En la actualidad, Putin sólo reclama un derecho divino al imperialismo ruso y exhibe sus músculos, un argumento poco atractivo para su vecindad. Irán, también pretende reafirmar =es su posición como Estado religioso y liderar en el islam al movimiento de resistencia contra lo “occidental”. 

Pero, por motivos que intentaremos resumir, pero no dejar de proponer, si bien Rusia y su “operación militar especial”, como así también el estado persa, obligaron transitoriamente a redefinir los objetivos estratégicos de USA, el principal adversario al poder estadounidense es China. 

El país asiático, está muy lejos de representar una opción ideológica que reorganice en términos doctrinarios los lineamientos de todos los países que componen el sistema internacional. Los Estados más bien optan, entre el intercambio comercial y las relaciones de integración estratégicas con los diferentes centros de poder global de acuerdo con las necesidades estratégicas de cada país.  

Pero no se puede negar que el gigante asiático representa la principal amenaza para la hegemonía americana, no sólo en cuanto a disputa económica, sino también militar y, sobre todo, tecnológica. La regulación de Internet, la disputa por el 5G y la prohibición de algunas plataformas como Tik Tok son algunos ejemplos de ello. Como así también, la disputa por el mercado de los semi conductores, vitales para la revolución tecnológica y la IA. 

Siguiendo a Robert Gilpin (1988) en la dinámica general de las relaciones internacionales, los estados se comportan según el “crecimiento diferencial del poder entre los estados”. Como dice Tucídides, las guerras son el resultado de cambios en el equilibrio de poder, o de un equilibrio de poder inestable. En cuanto a esto, podemos decir que Ucrania e Irán son ejemplos de esto último, pero no representan lo que el mismo historiador de la Grecia antigua entiende como “guerra hegemónica”.

La guerra hegemónica, explica Gilpin, se diferencia de otras guerras por cambios en los asuntos “políticos, estratégicos y económicos” y sus consecuencias producen cambios en la jerarquía de poder en el orden internacional. Es decir, entre dos polos que se disputan el lugar de hegemón en todas las dimensiones.     

Pensando en esta idea, podemos sugerir que China es el único “Estado emergente” capaz de amenazar al Estado dominante y potencialmente puede derivar en una guerra hegemónica, quizás en Taiwan.

Es verdad que existe una disputa entre ambas potencias (EE. UU y China) a nivel económico, tecnológico y en menor medida, militar. Con estrategias diferentes cada uno de los dos polos antagónicos han desarrollado sus estrategias de seguridad que pone ante el mundo la duda de un futuro potencial enfrentamiento entre ambos.  

Allison, G. (2015) sostiene que, según la trayectoria actual, una guerra entre Estados Unidos y China en las próximas décadas no solo es posible, sino mucho más probable de lo que se reconoce. De hecho, a juzgar por el registro histórico, la guerra no sería improbable. En coincidencia con el autor, si bien “no existe algo llamado Trampa de Tucídides hoy en el mundo, los errores de cálculo estratégico que pueden cometer los países, generarían tales trampas para sí mismos” (Allison, G. 2015). 

Volviendo a la trampa de Tucídides va a decir que todo el mundo conoce el ascenso de China, pero pocos comprenden su magnitud. Nunca antes en la historia una nación había ascendido tanto, tan rápido y en tantas dimensiones del poder. 

Reflexiones finales

Pensando en la pregunta inicial de este ensayo, sobre si las guerras de Ucrania e Irán suponen un retorno a la Guerra Fría, la repuesta pareciera ser que no aunque existan algunos elementos en común, como la vuelta de Rusia al tablero global desde una posición más intensa, el rearme de los países centrales como nunca en la historia, la amenaza nuclear y la guerra total, el fortalecimiento de las alianzas en pos de la seguridad, etc. Estamos frente a un mundo que, indudablemente, no es el mismo al posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La experiencia de la pandemia y la guerra comercial entre las principales potencias implicaron, como ya apuntamos, un freno al proceso lineal e ilimitado del capitalismo neoliberal y de las instituciones de la gobernanza internacional. Esto implicó el retorno del Estado como principio organizador de la vida social y política; y se generaron desacoples en las cadenas de suministros. Aun así, el capitalismo continúa siendo el sistema productivo hegemónico vigente y en el corto plazo es difícil entrever alternativas que lo pongan en disputa. 

El principal adversario de EE. UU es China. La misma, está muy lejos de representar una opción ideológica que reorganice en términos de ideas a los lineamientos de todos los países que componen el sistema internacional. Si bien existen dos centros políticos de poder centrales (Washington y Pekín); la Guerra de Ucrania y el conflicto iraní reafirman el carácter multipolar del mundo actual, donde se advierten movimientos y alianzas estratégicas que se redefinen la estructura del orden geopolítico vigente.

Aún es difícil entrever como se van a resolver los conflictos de Ucrania e Irán, y sus consecuencias aún no son del todo dimensionables. Sí se puede sostener que, en el futuro, veremos una Rusia más conectada a Asia que a Europa. El viejo sueño de Pedro el Grande, y del propio Putin de vincular a Rusia con Europa (cabe recordar que con Pedro el Grande la capital rusa fue San Petersburgo y que, Putin proviene de esa ciudad) parece esfumarse.  Por otra parte, el rearme de Europa y de las potencias mundiales, hablan más bien de un mundo hobbesiano que de un mundo kantiano, en el cual las instituciones de la gobernanza actual necesariamente deberán pasar por un proceso de redefinición.  Y, por último, China, quién pretende disputar el dominio del orden mundial, pero sin confrontar directamente sino dentro de los marcos institucionales establecidos post Segunda Guerra Mundial y los acuerdos de Bretoon Wods[xvii], necesita que los conflictos de Rusia y, sobre todo, de Irán alcancen la paz para recuperar plenamente su aparato productivo y abastecimiento. 

Finalmente, podemos decir que una guerra hegemónica entre EE. UU y China en términos de “Trampa de Tucídides”, es posible porque son estados que se disputan en todos los ámbitos la transición de un hegemón a otro. Esto advierte sobre el peligro nuclear o de una guerra total. Con la dinámica de los acontecimientos, seguramente los ojos deberán estar puestos en el Mar de la China meridional, especialmente en Taiwan. 

La guerra nuclear, por ende, la desaparición de la humanidad, es una posibilidad real. Si bien en este ensayo adscribimos a la idea de que el uso de armas nucleares es ilegal, esta discusión escapa lo estrictamente jurídico.  Si la guerra es la continuación de la política por otros medios (Clausewitz, V. 1983), además de toda la tragedia que significa en términos humanitarios y materiales, dista mucho de ser la herramienta que posibilite la solución a los problemas estructurales que posee el sistema económico y político internacional.

 Referencias bibliográficas

Allison, G. (2015). The Thucydides Trap: Are the U.S. and China Headed for War? The Atlantic. 

Buzan, B., & Cox, M. (2013). China and the US: Comparable Cases of “Peaceful Rise”? The Chinese Journal of International Politics, 6(2), 109-132.

Clausewitz, Carl Von. De la guerra. Ediciones Solar. Buenos Aires. 1983. Traducción de R.W: de Setaro.

Chomsky, Noam: “No solo para la Unión Soviética, sino también para los otros países europeos, es importante la certeza de que, si Estados Unidos sigue presente en Alemania, bajo la égida de la OTAN, esta no se expandirá hacia el Este ni siquiera un centímetro”. Marea, Buenos Aires, 2022.

De Alba Ulloa, Jessica Lillian: “Realismo Estructural”.  Del Arenal, Celestino: Americanocentrismo y Relaciones Internacionales: La seguridad Nacional Como Referente. Editorial Tecnos, 2025. 

Foucault, Michel: Seguridad, Territorio y Población, Fondo de Cultura Económica, Bs. As. 2004. 

Gramsci, Antonio (1981) Cuadernos de la Cárcel Vol, I, II, III, IV, V y VI Edición Crítica a cargo del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, Ediciones Era; México. 

Gilpin, R. (1988). The Theory of Hegemonic War. The Journal of Interdisciplinary History, 18(4), 591-613. 

Gobetti, Zeno (2009). “Una revisión de la teoría de la paz democrática”. En: Revista CS, Nro. 3, pp. 39-74. Hart, M. y Negri, T. (200) Imperio. Paidos, 

Harvey, David (2004) El Nuevo Imperialismo, Akal- cuestiones de antagonismo, Madrid.  Hobsbawm, Eric (2006). “Guerra y Paz en el Siglo XXI”. Crítica, Barcelona. 

Hobsbawm, Eric (1994). “Historia del siglo XX”. Crítica, Barcelona.

Ibañez, Josep: Socialconstructivismo: Ideas, Valores y Normas en la Política Mundial. Editorial Tecnos, 2015. 

Kaplan, R. D. (2014). Asia’s Cauldron: The South China Sea and the End of a Stable Pacific (caps. 1 y 8). Random House. 

Kissinger, Henrry. (1979). “Mis memorias”. Editorial Atlántida, Bs. As. Argentina.  Kissinger, Henrry. (2014). “Orden Mundial”. Editorial Debate, Bs. As. Argentina.

Lee Mayers, Steven (2016). “El nuevo Zar: Asenso y dominio de Vladimir Putin”. Ariel, Bs. AS. 

Lenin, Vladimir, Ilich (2012). “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Fundación Federico Engels; Madrid. 

Marx, Karl (2002) El Capital, Siglo XXI, Madrid. Ramonet, Ignacio (2002). “Guerras del Siglo XXI: Nuevos miedos, nuevas amenazas”. Mondadori, Bs. As.

Schmitt, Carl: El Leviatán en la teoría del estado de Tomás Hobbes. Editorial Struhart & Cía. Buenos Aires. Argentina. Diciembre de 1990. Traducción de Javier Conde.

Teubner Gunther: Globalización y Constitucionalismo Social: Alternativas a la Teoría Constitucional Centrada en el Estado. AFDUAM, 2005.

Wallerstein, Inmmanuel (2005) “Análisis del Sistema-mundo- Una introducción”; Siglo XXI, Bs. As. 

Wilhemly, Manfred (1988), Política internacional: Enfoques y realidades, Centro Universitario de Desarrollo, Colección Estudios Internacionales, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires.


[i] El presente trabajo nace como propuesta de cierre del seminario de “Guerra, Disuasión y Tecnología en la era de la Policrisis” desarrollado por la Universidad Nacional de Córdoba.

[ii] Jeremías Biglia. Licenciado,  experto en el campo de la Comunicación Política y las Relaciones Internacionales. Actualmente, se desempeña como Defensor del Pueblo Adjunto de la ciudad de Río Cuarto y como Docente Universitario en la Universidad del Salvador (USAL)

[iii] Ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62982023

[iv] Ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62982023

[v] Ver: https://elpais.com/internacional/2003/03/07/actualidad/1046991602_850215.html

[vi] https://elpais.com/diario/2000/06/07/internacional/960328804_850215.html

[vii] https://as.com/diarioas/2021/11/20/actualidad/1637393590_738432.html

[viii] https://agendapublica.elpais.com/noticia/18203/nunca-sabremos-le-debemos-gorbachov

[ix] https://elpais.com/diario/1984/03/29/internacional/449359221_850215.html

[x]https://www.telam.com.ar/notas/202301/616663-suecia-finlandia-ingreso-otan.html#:~:text=Suecia%20y%20Finlandia%20podr%C3%ADan%20entrar%20en%20la%20OTAN%20en%202023,parlamentos%20de%20Turqu%C3%ADa%20y%20Hungr%C3%ADa

[xi] “China y la India ya no ocultan sus reparos con la invasión a Ucrania y Putin recibió un sorpresivo reproche en público”, La Nación, Buenos Aires, 16-9-22.

[xii] https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgn5rk0k1wo

[xiii]https://es-us.noticias.yahoo.com/pent%C3%A1gono-alerta-trump-campa%C3%B1a-larga211241298.html?guccounter=1&guce_referrer=aHR0cHM6Ly93d3cuZ29vZ2xlLmNvbS8&guce_referrer_sig

=  AQAAADwZy_9yqq1_tqWLLH7vooK8kGoaoyfrrs3UPtGZywJZnmnWoSLf5_MUMgBpKhXw6ybjgLhRXnAeKGqX D9jVbrIJjx2utSaFTy2CoQMjZs7SPB2n797GZg8SsrGqMOam8jrBghhQoaDJBjrvz5vtko9zUHx9cyDBEmIZctpkOVp

[xiv] “Trampa de Tucídides” es una noción acuñada por Graham T. Allison en 2015, que alude al miedo de una potencia a perder su hegemonía.

[xv] https://theconversation.com/what-is-a-revisionist-state-and-what-are-they-trying-to-revise-252966

[xvi] https://publicservices.international/resources/news/estados-unidos-abandona-la-oms-en-vsperas-de-lareunin-del-consejo-ejecutivo?id=16360&lang=es

[xvii] https://blogs.elconfidencial.com/economia/tribuna/2022-07-01/acuerdos-bretton-woods_3452964/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio