Desde el mirador
Por Kepa Murua
Así nos luce el pelo
Enfrentarse a un estereotipo es jugar con fuego, pues siempre habrá alguien que te diga que no es así y que la excepción, además, no confirma la regla. Pero dejémonos de excusas y vayamos al grano. Una de las cualidades de los poetas para no quedar mal con nadie es su sentido de la autocrítica. Inexistente a todas luces. El poeta, la poeta, tal como se empeñan en decir los críticos, como ellos, son gente preparada en sus vidas, capaces de criticarlo todo, menos a sí mismos. Así nos luce el pelo. Frente a los tópicos de los poetas, que si son serios, que son brutos, que no trabajan hasta muy tarde, que son distantes y se dedican en cuerpo y alma a su trabajo, por ejemplo, constato que nunca tienen una palabra que les desprestigie ante sus semejantes. De hecho, son tan chulos como otros escritores. Los más guapos, los mejores, los más fuertes, los mejor preparados y así, hasta decir basta. Algunos piensan que menos mal que son pocos, porque de no ser así, serían la hostia, como los norteamericanos. Alguno piensa que los norteamericanos vienen de los poetas y profetas de la antigüedad. No los pobres indios del penacho de la cabeza, sino los puros, los que mandan en el mundo sin que les tiemble el pulso. Gente a la que tampoco le importa lo que piensen de ellos ni reconocen el valor de la autocrítica, una palabra para intelectuales de medio pelo. Así les luce, como a los poetas, que lo critican todo sin reflejarse en nada: al poder, al presidente, al alcalde, al empresario, a los profesores, a la policía, a los jueces, a los telediarios y al resto de los protagonistas de la vida pública, como si no tuvieran a su lado gente de esta condición y oficios varios. Es fácil echar balones fuera, si pensamos que todo es culpa de una amenaza exterior, sin reconocer otras obligaciones, las propias, por ejemplo. A los poetas les indigna que hablen mal de ellos, mientras ellos lo hacen siempre y cuando uno de sus paisanos se dé la vuelta. En cuestiones vitales es sabido que el predicamento es propio del lugar: filosofía barata que se come el mundo con el pecho hinchado, idiosincrasia didáctica con el pecho metido y el mundo hecho a su medida y confraternización sindical con el pecho relajado hasta que se demuestre lo contrario. Tal como van las cosas, este parece el mejor sitio para vivir si te identificas con sus orgullosos nativos. Pero que no se te ocurra decir que son unos majaderos que lo confunden todo y se dan de bruces con las trampas que ellos mismos colocaron como barreras del destino para su subsistencia. Que no se te ocurra decir que todo lo solucionan a hostias, porque seguro que te cae una bofetada en mitad de la cara. Con tantas cicatrices como falsos son los tópicos y privilegios del prójimo, así nos luce el pelo.




