por César Bisso
Suma de desmesuras[i],reciente libro de Jorge Rodríguez Hidaldo, refleja la vivencia de un poeta genuino que intenta captar el arte de la realidad. Su voz trasciende desde una mirada aguda sobre los avatares de la muerte, el poder que socava los ideales y las desgracias de la memoria.
Ya en su primer poema, el autor nos dice que los muertos llegan en busca de los que callan… y nos tienta a preguntar (sin que medie respuesta alguna) si la vida comienza en la muerte. Tal vez esta reflexión acompañe el desandar la historia del Ser que, a la vez, es la meta de este poemario: describir paisajes con derrotas, como anuncia el subtítulo del libro. Pero estos paisajes que explora el poeta pertenecen al mundo interior, a lo misterioso, a lo espectral. Es un espacio sin fronteras, incierto, que le permite reflexionar sobre la vigencia de una existencia anclada en el tiempo de las íntimas certezas, sobre todo aquellas que cancelaron la ignorancia y aún reflotan la dignidad de los que nunca dejaron de hablar.
“Yo gimo sin olvidar”, le dice Eumeo a Ulises en un pasaje de la Odisea. La poesía del autor se apoya irrevocablemente en los “no olvidos”, como si el destino del Ser estuviera atado a esa prédica recurrente de saber que siempre habrá un poder que proscribe, ya sea el amor, la esperanza, la gloria, el deseo, los sueños, la libertad. Pero la palabra (ah, bendita seas) nos alienta a recordar que nada está perdido y que cada derrota cotidiana fortalece nuestra manera de luchar. Ulises nos enseña a seguir la huella, no porque sea un héroe mitológico, sino porque descubre el camino hacia lo eterno. Allí reside la batalla del poeta: no dejar de ver, de sentir, de narrar cada secuencia del azaroso viaje por la vida.
Nacido en Cornellá de Llobregat, Barcelona, en 1961, Rodríguez Hidalgo aborda un lenguaje adecuado a su estado emocional, indagando desde la suspicacia e incitando al lector a salir de la caverna para que asuma el compromiso de no padecer trucando la realidad. Se apoya en el pensamiento aristotélico para definir la razón de su decir poético. Observar al mundo desde lo existente y pensar al otro como uno mismo. Un trabajo de extrema sensibilidad, de supremo riesgo, donde el poeta intenta dar pasos de equilibrista, aunque la conciencia se empeñe en advertir que sin justicia ni virtud humana no hay equilibrio y tampoco hay red.
¿Hasta dónde la escritura poética puede persuadir a un destinatario anónimo para que reaccione frente al sometimiento verbal de la falsa esperanza que le impone el sistema? ¿Cómo lograr que interprete el mismo mensaje que conlleva el alma del poema? No todos los lectores creyentes comprenden lo mismo, por eso es importante tener en cuenta cada uno de los encuadres que se vinculan al mensaje, por ejemplo: la credibilidad de las significaciones y la expresividad de las imágenes. Rodríguez Hidalgo las utiliza como advertencia: ¿qué podemos / reprocharle a quien no puede torcer / el tiempo como quien vuelve la esquina / tantas veces que ya no hay sorpresa / en el otro lado ni la espera pierde? Presume resignación, pero es todo lo contrario. Es decir, nos alienta a no detenernos en la espera, porque significa no saber y nos condena a olvidar.
También sorprende la escritura vertiginosa del autor, donde conviven diferentes tonos de voz que transitan el mismo rumbo en busca de reinventar lo aprehendido. Tampoco se aprecian irrupciones semánticas que puedan torcer la mirada del lector. Son poemas elaborados desde el coraje necesario que induce el autor para afrontar tanta apatía de una sociedad atomizada. La palabra trata de seguir siendo fiel a sí misma, más allá del dolor, la oscuridad, la propia muerte. Porque la felicidad, sentada en una carroza, sólo representa vanidad, hibridez, simulación. En cambio, todo lo que produce sufrimiento es lo que transmuta, quebranta, subvierte. La historia de la humanidad se cuenta desde la muerte. Para que nadie olvide. El poeta lo intuye y lo transmite, amparado por un silencio que habla debajo de las piedras de la memoria.
Indudablemente, la cuestión fundamental en la escritura es el pensamiento, todo lo que alguien quiere expresar en conceptos, por encima de la fuerza de su emotividad y desde la agudeza que emerge como huella indeleble de la inspiración. El pensamiento acerca a Rodríguez Hidalgo a todas las zonas intangibles y tangibles que conforman su vestidura poética, consolidando la identidad de vivencias e impresiones expuestas en su manera de percibir e interpretar el mundo que lo rodea. Es un fiel intérprete de esta experiencia de revertir cada amenaza surgida de las fabulaciones creadas desde la ficción del poder. Y el compromiso de todo poeta es revelarse como testimonio de la verdad, no como su artífice. Porque desde la concepción misma, el texto está gobernado por las circunstancias, aunque no siempre se encuentra sujeto a la conciencia. Es imprescindible desarrollar un proceso dialéctico interno entre las circunstancias y la conciencia. Y este entrecruzamiento a veces subvierte la idea primigenia del autor, sobre todo cuando el poema concede su propio decir.
Rescato esta reflexión del filósofo Giorgio Agamben: “Como la paloma, fuimos enviados fuera del arca para que viéramos si había algo vivo en la tierra, aunque no fuera más que una rama de olivo para tomar con el pico, pero nada encontramos. Y, sin embargo, no quisimos regresar al arca”. Tal cual el destino de Jorge Rodríguez Hidalgo: ir hacia adelante, aunque falte recorrer la otra mitad del camino para revelar la victoria de la verdad.
Suma de desmesuras
Cartografías Ediciones y ediciones la yunta
Buenos Aires, 2026
[i] Suma de desmesuras. Paisajes con derrota, Jorge Rodríguez Hidalgo, Cartografías/ediciones la yunta, Río Cuarto-Buenos Aires, 2026.





Gracias, César, por tu autorizada lectura. He desplegado las velas para recoger el viento que envías a mi nave.