Testimonio

Por Susana Stefanini[i]

                                                                          L`a  amore non è violenza, non tacere

                                                                                    Escrito en un banco rojo[ii]

                                 En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas.

Estoy escribiendo como si fuera una novela. Algo que no ocurrió. Duele tanto transitar estos recuerdos que así logro alejarme de la realidad.

Muchas veces la angustia me detiene y lloro. Las palabras son como el aullido de un lobo sangrante que hiere mi pecho, que me oprime el corazón hasta casi no poder respirar, es entonces cuando tengo que tomar un tiempo y espero, hasta conseguir recobrar otra vez valor.

Me propuse llegar hasta el final. Es un intento de limpiar gota a gota la sangre perdida, por mis otras hijas, mis nietos, la familia en general y por una hipotética lectora: una mujer maltratada que pueda encontrar un reflejo de su experiencia en lo que digo o concientizar situaciones, aparentemente normales, pero que no lo son. Que perciban antes esos pequeños detalles que no hay que dejar pasar.  Trabajé intensamente, con mis médicos: el clínico, el psicólogo, el psiquiatra el valor que tiene hacerlo, el ocultar es seguir arrastrando el dolor.

No soy escritora, vengo de una familia muy simple con muchos hermanos, no había lugar para todos, por eso tal vez buscando mi independencia me casé muy joven. Mi marido y yo trabajamos anhelando mejorar. Conseguimos hacernos una casa en el conurbano bonaerense. Tuvimos cinco hijas, lamentablemente, después de una larga enfermedad mi marido nos dejó. Fue difícil sola criar y alimentar a las chicas. Todas “a trancos y barrancos” terminaron el colegio primario, buscaron oficios, no les gustaba estudiar. Hoy la mayor es cosmetóloga y trabaja con su hermana (la tercera) que es manicura en un salón. La que nació segunda se dedicó a hacer animaciones de fiestas, poco después tuvo un proyecto más ambicioso y comenzó a organizar eventos importantes. Le pagaban muy bien, además eso le permitiría conocer otra gente. Las dos menores, una de 14 y otra de 12 años se quedaron en casa, era necesario, hacían las compras, la comida, cuidaban de la ropa; yo trabajo todo el da y vuelvo muy cansada.

Carla mi segunda hija, tuvo éxito de inmediato, tenía diferentes horarios la veíamos poco,

Un día vino con la novedad de que estaba embarazada, pero que no me preocupara su pareja estaba feliz y que se haría cargo de ella y su futuro hijo. De un momento para otro se fue a vivir con él.

El apuro no nos permitió conocer a su familia, supimos que en su casa vivía su mamá y un hermano menor.

Luego nació su segundo hijo, cada vez la veíamos menos. Su vida cambió, no pudo continuar con los eventos, visitarla era difícil por la distancia y estaban a trasmano de nuestra vivienda, nosotras no tenemos auto. Todas ocupadas nos fuimos acostumbrando, mi consuelo era que nos traía sus hijos y los dejaba que se quedaran a dormir.

La extrañábamos mucho. Venía casa solo a traer a los chicos, se quedaba unos minutos o a veces si una de nosotras salía a recibirla, los dejaba en la vereda, viajaban con frecuencia por el trabajo de su pareja. Yo llegué a pensar que le molestaban nuestras costumbres, los chicos nos visitaban contentos, especialmente el menor, ni bien llegaba pedía bañarse. Un día nos contó que lo que más le gustaba era nuestra ducha de agua caliente, en su casa se bañaban con agua el fría porque su papa decía “que era bueno para crecer más fuertes.”

Una tarde supe que venía a traer los chicos, no fui a trabajar para verla, llegó y no bajó del auto, dejó los chicos en la vereda, rapidito me acerqué a saludarla, debajo de los anteojos de sol que tenía puestos se veía una mancha oscura y el labio hinchado a mis insistentes preguntas me contestó irritada “que como estaba apurada por el viaje no vio que la ventana estaba abierta y se la llevó por delante”, la note triste y aproveché para decirle que si no estaba bien siempre tendría un lugar en nuestra casa. Su negación fue contundente – en absoluto mamá estoy bien – me respondió

Una semana después viajaron a Brasil, para darles una alegría fui con sus hijos a buscarlos al aeropuerto, se abrazó a los niños emocionada, tenía un brazo vendado y la noté desprolija, él se adelantó y dijo que se había caído en el baño. Los esperaba un auto, me llevaron a mí y después los cuatro irían a su casa. Carla estaba lejana, eran aproximadamente las 17 hs, creí que íbamos a merendar juntos, pero no sucedió.

Nunca entendí el trabajo de mi yerno, me decían que el compraba y revendía objetos de colección, él coleccionaba armas de guerra.

Con un arma de esas mató a mi hija. Dos tiros certeros en la cabeza.

Tuve que ir a reconocerla, estaba tapada con una sábana, me mostraron su cuerpo, reconocí sus tatuajes.

Ya pasaron tres años, hoy me llamo la fiscal, me informó que me otorgaban la tenencia definitiva de mis nietos. Nuevamente le presenté mi queja: porque yo no vi a mi hija y creo que recién ahora comprendo lo que me repitió muchas veces “no había nada para ver.”

Ese hombre, si lo puedo llamar así, tiene gente que lo apoya en el juzgado, por eso le dieron solo 25 años, hicimos una apelación porque es un crimen agravado por el vínculo y con arma de guerra. Con 25 años a los 67 años sale y no debe, no puede quedar libre alguien como él, qué seguramente va a encontrar otra mujer ingenua para maltratar y destrozarle su vida

Tuve un jardín, cinco hijas que anidaban en mi pecho. Mi pecho ahora desgarrado, un diente asesino, dejo este hueco que grita.

A la vez tengo este gran consuelo que siento al acariciar a sus dos niños.

Vamos juntos, haciendo este largo trayecto de reconciliación, con tolerancia y mucho amor abriendo puertas que iluminen esta noche oscura.


[i] Susana Stefanini, poeta argentina.

[ii] Símbolo de concientización contra le violencia de género y femicidios. Iniciativa mundial. Forma parte de la campaña internacional inspirada por Panchina Rossa , con el objetivo de lograr que la gente piense y recuerde las víctimas.

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