Cartas de la Palabra Río
Por Claudio Asaad
El limonero
Tengo mi mano
y, porque no, mis ojos
todavía en el verde y en el árbol
en la hormiga y en la curva
de un pecho”
Emma Barrandéguy
El sol del membrillo es una película del cineasta español Victor Erice. Estrenada en 1992.Solo diré que es de esas obras cinematográficas, donde el aliento de la poesía actúa como generador de una secuencia inacabada, en la que la sutileza y el pudor generan una belleza capaz de atravesar el impacto emocional y generar un aleteo, casi un zumbido en el camino entre la percepción y la inagotable vocación humana de búsqueda de sentido.
En la historia, el pintor Antonio López intenta trasladar al lienzo la luz que da forma, color y vida a los frutos de un árbol de membrillos que crece en el patio de su casa. El relato es una reflexión articulada sobre el silencio, el arte y la evidencia de las imágenes sobre el tiempo, su violenta inquietud golpeando como gotas de lluvia la piel desnuda del mundo.
Producimos cambios en el entorno por obra de nuestras acciones. En cambio, la naturaleza devora nuestra percepción a través del asombro. Ese disparo que nos toma desprevenidos para bien o para mal, pero que desmonta nuestra ingenuidad de seres que, por suerte, ignoramos la complejidad de la vida en su vasta diversidad. Hay una distancia que recorremos por inquietud y pulsión sin tampoco llegar al centro de la luz del lenguaje. Las respuestas halladas brillan trémulas. Es ese instante en que lo sublime se sabe efímero, pero se entrega al sabor de una posible verdad velada por el tiempo.
El limonero de mi patio estuvo amarillo limón por las mañanas, al atardecer dorado, a veces sombrío y opaco bajo las nubes de gris. Huele a fresco y suelta los frutos que ya no son jóvenes, los escucho caer a la noche. Las hormigas acuden en grupos a teñir de negro la cáscara de sol. El tiempo deja hacer. No interviene ese destino, dirige el montaje. Espera nuestra mirada, a veces desatenta sobre el evanescente ciclo de vivir y morir. Somos testigos de lo inevitable, por eso nos abrazamos a lo posible, armamos la ilusión como un rompecabezas interminable, casi imposible de completar.
El tiempo dirá. Mientras los días, las noches, en que las hormigas devoran el cuerpo tierno de las rosas.
Elias.




