DE ORILLA A ORILLA
Por Jorge Rodríguez Hidalgo
COMO POLLO SIN CABEZA
¿La argamasa que une, en este mundo nuestro, la miríada de opiniones, aspiraciones y actos de sus moradores es la contradicción? ¿Es, por otro lado, el mundo de hoy distinto del de ayer, por más lejano que lo datemos? Todo parece darle la razón al latino Plauto (254-184 a.C.), quien, en su comedia Asinaria, afirmó que “lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro” (‘Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit’). No creemos caer en el catastrofismo si consideramos que el planeta Tierra gira y gira en su órbita inexorablemente como un gigantesco matadero de seres vivos, como un colosal degolladero de hombres, en que los mismos hombres ofician de victimas y de victimarios. ¿Cómo se llama a la voluntad de exterminio de la propia especie? El filólogo clásico Francisco de Socas[i], a propósito de la Roma en que vivió Séneca (Corduba, 4 a.C.-Roma, 65 d.C.), escribe que “en toda la clase ilustrada de la Roma antigua late una ideología republicana, un amor a la “libertas” una y otra vez proclamado por muchos senadores y caballeros. Ese republicanismo era elegante y tenía unos fundamentos morales recios, pero pertenecía al mundo ideal y poético; en el mundo de las cosas cercanas y reales se aceptaba el régimen monárquico y se vivía en él con todas las consecuencias (algo así como en el mundo de hoy muchos viven los ideales igualitarios o los afanes ecológicos como un vago proyecto dentro de un mundo rabiosa y vorazmente capitalista). El tiranicidio se había vuelto un artefacto político inútil. Los hombres ya no luchaban por su libertad sino por el amo que mejor pagara”.
Las palabras de Socas para el mundo de Séneca y Nerón son trasladables una a una al presente año de 2026: se afirma lo que no se practica, se subvierten los lenguajes para que todo sea lo mismo y distinto a la vez (resonancia gatopardiana); se destruye lo que se dice amar (Oscar Wilde dixit); se pregona la paz (pero se hace la guerra); se dice perseguir la libertad (mas solo la de quienes se la pueden pagar); la igualdad (pero las diferencias de clases y de razas se ensanchan); el ecologismo (sin embargo, el cambio climático es hijo de la depredación capitalista), mientras se vende el globo terráqueo como un vastísimo resort para turistas dirigidos; la refundación de una nueva moral en que la ética individual obre de forma desprejuiciada (“haz lo que yo digo, pero no lo que hago”).
Hagamos un zum: Trump amenaza al mundo (lo asesina, en realidad, con la ayuda de los genocidas conocidos, como Netanyahu, Putin…), con la única intención de ganar dinero para sí mismo y los suyos (ni siquiera para su país); Milei, quien pone a disposición de Trump la “patria” que preside, es el cancerbero austral del gringo; a este lado del océano Atlántico, Europa adopta las formas criminales que le llevaron a ser nefando campo de batalla por dos veces durante el siglo XX; y en España, el neofranquismo (proclive a Trump, Milei y Netanyahu) gobierna en la mayor parte de su territorio merced al partido conservador heredero del franquismo, el Partido Popular, que preside Alberto Núñez Feijóo, secundado por Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la Comunidad de Madrid), mujer de probada incultura y moral laxa, y a Santiago Abascal, presidente de VOX, partido de ultraderecha auspiciado por el expresidente del gobierno español José M.ª Aznar (1996-2004), a la sazón fundador de FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), timón intelectual del neofranquismo y del filofascismo españoles. Los dirigentes mencionados, a su vez, inficionados por una megalomanía enfermiza, tienen como referencia común al tirano Nerón (37-68 d.C.), y como este, de acuerdo con el poeta satírico romano Juvenal (60-128), gozan, inexplicablemente, del fervor popular: “si al pueblo se le permitiera votar libremente, ¿quién sería tan malvado y a no dudarlo preferiría Séneca a Nerón?”. El mismo Juvenal adelanta una posible respuesta de algunos plebeyos: “nosotros lo seríamos”. Quien vea en tales conjeturas un exceso, piense en una fecha: el 18 de julio. Fue un 18 de julio del año 64 cuando Nerón ordenó incendiar Roma; otro 18 de julio, pero de 1936, el general Francisco Franco (1892-1975) se sublevaba contra el orden constitucional español de la Segunda República (14 de abril de 1931-1 de abril de 1939) y provocaba una guerra fratricida (18 de julio de 1936-1 de abril de 1939) que dio paso a una dictadura mortífera que duró casi cuatro décadas. Pese a ello, el pueblo, esto es, la mayoría de las víctimas de espadones coligados con la alta burguesía, aplaude hoy la obra destructora de los causantes de su desgracia y miseria.
Volvamos al principio: ¿es la contradicción la sustancia del homúnculo, del mastuerzo amaestrado cual loro o desnortado como pollo decapitado? ¿Hemos de proclamar que la soberanía reside en el ‘soberano’ pueblo, si este es poco más que un gallináceo? ¿Concederemos que un ‘soberano’ -nominal- es un subalterno endemoniado/alienado que procura su propio mal a mandíbula batiente mientras se desangra como el dicho pollo degollado en el corral de las fantasías funestas, o entenderemos, de una vez por todas, que el soberano -el auténtico detentador- es el usurpador de los legítimos derechos de la comunidad, desnaturalizada y enfrentada, desquiciada y demediada como el averío sin cabeza?
[i] Francisco de Socas (Alcalá del Valle, Cádiz, España, 1947), editor de Cartas a Lucilio, de Séneca, editorial Cátedra, 13ª edición, 2025.




