¿Cómo pronunciar el día y que su luz
me aleje de esta oscuridad?
A.Tello
A Antonio Tello
Revuelvo los cajones. Los del escritorio, los otros debajo del óvalo del espejo. Sé lo que estoy buscando, pero al instante lo olvido. El tiempo sostiene la premura. La luz cruza hacia el fondo de la calle. Respiro profundo y ahogado. La emoción es una trampa, artimaña que descompone lo previsible, repone la dificultad en las paredes donde la sangre busca aire y sombra. Admite a la ansiedad como alimento, autofagia del ser. Tropiezo necesario para comprender que caminar es ver caer lo imprevisible delante de los ojos y seguir, a ras del piso, del aire, de la vida, a veces del mundo. Ahora, salgo de la casa, desconcertado por no encontrar el origami que te quiero regalar. En cada pliegue del papel ocurrió un tiempo y se quebró el plano, se dispuso un esquema que ocultará su origen. Mostrará la belleza replegada sobre si misma, en forma de armonía y orden.
Pero no hay origami y soy, sentado en una mesa de este bar, un cuerpo esperando al amigo mientras se pliega sobre el temblor y trata de sostener la piel sin atravesar al infierno. La tarde sigue encendida y tu voz es también tu abrazo. Escucho, pero te veo decir desde antes de ahora, de hoy, desde el pasado en Sitges, desde el 21 de diciembre de hace 50 años en que cruzabas al exilio con la vida en las manos. ¿Por dónde camina el espíritu de este poeta? La palabra inquieta la disputa entre el asombro y el silencio. Te escucho y pienso que quiero agradecer estos años de invitación a la escritura. Escribo porque tu voz insiste, porque desplaza la abulia del desierto, porque no hay miedo, ni boca seca cuando sostenes la espera
del escrito que tarda más de la cuenta en cruzar el mar. Porque no hubo juicios sobre los hechos, ni las memorias del oficio de la escritura.
Quiero desenvolver el pliegue donde el presente me deja decirte sobre todo el trayecto en el que caminamos juntos, en el que compartimos el gozo por la contemplación de los lenguajes en cualquier fragmento de este universo de dichos y escenas iluminadas por lo sublime y también lo sombrío.
Rememorar, un refugio del afecto. Me veo regresar después de despedirte. No buscaré en los cajones, me anticipo. Otra vez es el tiempo, los umbrales del espacio entre dos visiones. Tu abrazo de hasta pronto. La escritura, una galaxia sin fin plegando la vida, una música y un vacío después para salir a buscar el sentido, el arrojo a un universo que acabaremos por crear, con los otros, juntos.
Elías





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