LAS PARALELAS DE PLUTARCO

Por Francisco Taboada

Calveyra incandescente                                    

Estoy nerviosa, achicada, la puerta de su despacho me parece enorme. Repaso mentalmente los datos del profesor: Daniel Freidemberg (Resistencia, 1945) y el fragmento de su poesía que más me gusta, el XXXII de Un hilo naranja (2021): Llovizna nomás /    es la llovizna / agua que cae /    con poco peso / estableciendo una /     leve distancia / entre lo que en el universo /     no es llovizna / y vos.  Pero este mejor me lo guardo, para empezar buscaré otro poema más adecuado, que no sea muy conocido, no quiero que se me note, aunque es imposible que no se me note, se me tiene que notar… La puerta se abre. Sale mi compañero, no lleva buena cara. Allá voy.

   —Buen día, profesor.

   Se limita a cabecear y mira a la silla. ¡Qué ojos tiene, por dios, te congela la sangre!     Mi trabajo está encima de la mesa, entre sus manos. Me mira y hace una mueca que parece una sonrisa.

   —Excelente trabajo, señorita. “Calveyra incandescente”, de lo mejor que he leído acá en bastante tiempo… La biografía bien: Arnaldo Calveyra, Entre Ríos, 1929, estudió filosofía en La Plata, poeta de la diáspora, 56 años en Francia, amigo de Cortazar, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, murió en París el año 2015… Bien. Este… me gusta que haya utilizado versos de él para titular las diferentes secciones: Como palabra oscurece, bien, Desierto que da al mar, bien, Lugares donde siempre es de noche; y que haya dedicado tanto espacio a Maizal del gregoriano, que también es de mis preferidos.

   —Lo menciona María Negroni en Colección permanente.

   —Estupendo… Un autor lleva a otro… Buena elección también de fragmentos: Que cuando alguien me diga viaje yo reencuentre al querido / querido caracol que me pusiste aquella vez entre las manos, bien, romanticismo turbio, ¿no será que te impido mirar la / transparencia, bien, hace pensar, Que se encienda el ocaso, levante la perdiz, levante y vayan. / / Hazte campanario el aire. Los tres de Libro de las mariposas. Y, de Maizal: Hombre a quien mirar llover vuelve silencio /…/ Lluvia callada, se calla la tierra, / el hombre mira alejarse los árboles desaparecer los árboles. Y acertado también el de  El hombre de Luxemburgo: En borrador un hombre y sus pasos dan sombra. / En la mano, como sombra, una página: un res- /  to de luz la tarde. /  Se recupera en la silla, de nuevo nítido para las / hojas. /     Y ahora en sombra el hombre, una ausencia por /  poco. Y, para terminar, me parece correcto el análisis de Cartas para que la alegría (1959), donde dice que Calveyra sabe detectar el habla de la comunidad, los matices y armonías necesarios para fundar un discurso. Sus neologismos, sus prolijidades verbales…

   —Eso es suyo, profesor, de su reseña del diario Clarín.

   —Lo sé, lo sé… En resumen, un trabajo que merece el notable que le puse.

   —Tengo una beca. Necesito un punto más.

   —Pues eso hay que merecerlo. ¿Cuáles son sus méritos?

   —He aprendido diez fragmentos de poemas…

   —Eso demostraría un mejor conocimiento del autor. Una décima por poema. Es justo. Adelante, déle…

   Me pongo en pie. Respiro. Carraspeo:

Golpeás,

deseosa bestia de sentido, y tus golpes,

música apresurada y chata, eso oís. Tu

corazón oís, ensimismado, tu ruido sordo.

   —Pero eso no es de Calveyra, es mío…

   —Sí, señor, se titula Abril (XII) de en la Resaca… Mire… no es Calveyra quien me tiene que subir el punto…

   Los ojos de Freidemberg.

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