Por Marisa Cascallares
El cuarto libro de Mariela Palermo posee una mística singular y no es casual que así sea: la poesía siempre es una invitación para buscar nuevos significados, traza puentes, nos encuentra, “Por eso, / traigan / traigan razones/ para celebrar las esquinas.”, nos dice la poeta.
Cuando supe del título del poemario, sin conocer aún su contenido, pensé en las palabras de Edvard Munch, el autorde la pintura “El grito”, al contar cómo había surgido su obra: “Paseaba por un sendero con dos amigos —el sol se puso— de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio… mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”. Y me quedé con esa imagen, la de un grito infinito que, luego de la lectura, se volvió un grito infinito atravesando las palabras, casi “un grito cualquiera / tan tuyo como / el miedo, el recuerdo, / la piel, la furia y el vacío, / que no es más que / esta única verdad que nos nombra”, como se lee en el poema de la página 63.
Podemos concebir un grito como una manifestación vehemente, individual o colectiva, que lleva en sí un lamento, un quejido, una protesta, un clamor… y a partir de esta definición, surgen algunas preguntas sobre el discurso poético que emana de esta obra: ¿qué gritosaturden a un ser humano?, ¿qué clama una voz?, ¿y un quejido?, ¿y una protesta?
“Nosotros que / somos tan parecidos en nuestra lengua /que somos tan parecidos en nuestra muerte / que somos tan parecidos”, como dice la poeta, vamos a adentrarnos en su universo poético, para encontrarnos, cada quién a su manera, con ese recorrido que nos proponen los cuarenta y un poemas que integran el libro, un corpus que nos interpela desde una impronta propia, desde un lugar particular de mirar y de sentir la poesía.
Entonces… “Habrá que ser pregunta, / flor imposible, / curva de grito viejo…” porque “un viento pequeño / me trae el grito que volqué / en las esquinas, / une mi mapa deformado”.
“… La escritura es siempre una experiencia de exposición absoluta, una experiencia de riesgo, de apertura, de darse sin protecciones, sin escudos, abrigos o defensas. Sin pertrechos… A veces, lo difícil en la creación es ser pasivo, no imponerse. Exponerse”, como bien dice la poeta española Ada Salas, y, en este sentido, cada uno de los poemastiene esa particularidad: muestran el sentir del yo lírico, lo exhiben en la soledad del que busca porque ha perdido, del que lleva a cuestas una sensación de pantano y resiste, de quien está roto de tanto tropiezo o de quien se niega a minimizar la realidad y lo que duele en ella, al dar cuenta de que somos seres racionales y emocionales, un sustrato ineludible a la hora de escribir.
“Soy un rato invisible / en la precipitación de la noche. / Uno pequeño, imborrable, / un “tal vez” en la memoria / que se acerca / a jugar / como un niño y un cuchillo / en el borde de la lengua” … declara la poeta, aun cuando “no hay grito con hambre / que pueda morir atragantado / ni boca humilde que no sea / un poema histórico / que aniquila”.
Una de las claves de lectura de este libro es el tiempo, “tregua y encrucijada” en su decir, ese tic tac oportuno que vertebra una sucesión de acontecimientos, que se transforman en experiencia, que pasan, que vuelven como recuerdos, que desbordan toda forma… Así, “Esta tormenta que no es poesía /puede hacer / que ni mi propio grito / me sobreviva / yo que lo creí convencimiento / hasta que escuché hablar al viento / contra el techo de mi casa”.
Enfrentados a una tensión constante entre lo visible y lo invisible, lo externo y lo interno, lo transitorio y lo eterno, ser una, uno, en el espacio propio, en este tiempo confuso, es posible cuando se sale de sí mismo para encontrarse con un otro, por eso la poeta pide: “Traigan palabras / palabras inmigrantes / como si fueran de otro, / como si el otro / fuera cada palabra”.
Sin embargo, ¿alcanza la palabra para sostener lo que somos, para mantenernos de pie en una complejidad que abruma, desgana, nos frustra o nos vuelve invisibles? O bien requiere de nosotros… “irnos / tragarnos nuestra identidad y nuestro pasaporte, / acomodarnos / en cualquier mapa / imperturbablemente solos, / ser una mueca absurda / de lo que fue lenguaje / nuestro bestial lenguaje.”
La mirada existencial, esa búsqueda de sentido como acto propiamente humano, la profundidad con que nos acercamos a descubrir el mundo, es otra de las claves para abordar este poemario, que desnuda la incertidumbre a la que estamos condenados. En versos de la poeta, tal vez “Deberíamos irnos / inmediatamente de acá / pero nadie puede /abandonar el tren.”
“No hay arte más íntimo que la poesía. Mediante un poema una persona habla a otra, casi siempre desconocida, como jamás podría hacerlo en la existencia diaria”, expresa el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Desde este lugar, la poeta argentina Mariela Palermo asume “Un grito cualquiera” como una necesidad, la de un grito propio, pero también un grito que resulta ser el mío o el grito de ustedes, el de todos. En definitiva, porque estamos atravesados por una realidad donde el deseo habita, aunque a veces se extinga, donde el movimiento es una exigencia que angustia y desafía, donde extirpar lo que se guarda y entumece, se vuelve urgencia. Por eso, cuando parece que todo está perdido y el fuego es apenas un pequeño rescoldo que hay que volver a encender “está el poema / que se queda / a decir lo que hace falta”.




