Goya y los caprichos del tiempo, de Leonor Mauvecín

Por María Paulinelli[i]

.

Una mirada al tiempo de entonces y de ahora: Goya y los caprichos del tiempo[ii]. Leonor Mauvecin lo escribe. El Emporio Ediciones lo edita Yo… lo leo y Ustedes… ¿Quieren seguirme en la lectura?

El título nombra a Goya y su producción, los Caprichos …

 “Observó detenidamente a Los Caprichos: uno a uno los fue revisando con sus expresiones atroces, las denuncias deliberadas, los monstruos y las brujas” Título que se completa con el tiempo y que lo convierte en una síntesis poética del enunciado:

 “Todo ese universo de imágenes eran los eslabones de una cadena donde el tiempo y el espacio tejían una trama”

De ahí las significaciones simbólicas que adquiere: “Grabados originalísimos que vulneran la pacatería del Neoclasicismo y la sensibilidad hipócrita de la Inquisición” Asimismo, representa metáforas de la significación del artista que –a su vez- completa el enunciado del relato:

 “El artista debe ser un espejo… … un espejo donde se refleja a sí mismo y en él refleja el mundo, o tal vez un reloj que marca sin pausa los caprichos del tiempo”

El texto se estructura en cuatro capítulos titulados y subtitulados:

 El incendio. Argentina, Corral de Bustos, 1920.

Arte y Misterio. Argentina y España. 1996

 Tras las huellas del tiempo. España. 1976-1986

El tiempo recobrado. Córdoba 1996

A su vez, estos capítulos se organizan en fragmentos. Cada fragmento reitera el título Capricho, además del lugar y año, de manera similar a la carátula de cada capítulo. Asimismo, posibilita la inclusión de los epígrafes que acompañan los grabados originales y permite conocer la relevancia de estos breves textos que condensan lingüísticamente la significación de las imágenes. Inciden en el desarrollo de las acciones que conforman el relato y explicitan simbólicamente, su sentido. Por eso, transcribí todo el esquema del enunciado…. Para guiarlos en el recorrido del relato.

Un narrador omnisciente enuncia las secuencias que se estructuran siguiendo la trama del tiempo-espacio señalado en los fragmentos. Una trama que se abre y se cierra en Córdoba y luego se desliza a España en el espacio, con regresos a Argentina en otros tiempos: 1796, 1896 y 1996

Se inicia con un incendio que posibilita el comienzo del relato… y la intriga consecuente. De ahí, la enigmática expresión: “El fuego es un capricho.” Significación que se extiende y permite relacionar los caprichos en el tiempo… y así narrar la historia de un reloj que marca el tiempo de la vida… y el tiempo de la historia que se narra.

Una historia que entrelaza el arte y el misterio… Goya, su amante y los Caprichos… relatos familiares que remiten a la Argentina de inmigrantes… la España de los reyes y los duques… leyendas de las tradiciones de los vascos… y concluye el periplo de ese reloj del tiempo, en el misterio del presente: “En el cuadro, un aluvión de imágenes hilvanaba escenas y personajes. Imágenes que se confundían, se cruzaban entretejidas en una trama espesa y a la vez, luminosa.” Y si los caprichos son del tiempo, según lo dice el título… “El pasado y el presente confluían en el magnífico lienzo”.

Si estos son los hechos relevantes… Leonor les confiere una significación precisa que devela misterios, casualidades, la magia que aún existe. Goya lo dice en sus Caprichos, lo muestra en sus imágenes, lo metaforiza en esa historia del reloj que marca el tiempo. De ahí, su presencia permanente como símbolo de libertad y autonomía. De ahí, es que Francisco que pinta en el presente, recuerda lo que Borges dijo y sigue diciendo en un relato: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo y descubre que ese paciente laberinto de líneas, traza la imagen de su cara.”

Leonor crea, entonces, un mundo posible, donde los lugares y los tiempos son reconocibles… con humanos que existieron… con memorias que aún persisten… Eso que configura lo real, lo que alguna vez existió y aún existe, es lo que le permite mirar críticamente los desmanes de la razón, el poder sin fisuras, las creencias impuestas, enemigas de la singularidad de las personas. Pero lo transforma, lo ficcionaliza en sus palabras que llenan de poesía, de casualidades, de misterios el relato… y entonces, es un mundo que se esboza y es posible… en esa dualidad de lo existido existente y creado imaginado. Por eso es una novela… Por eso es Literatura.

Gracias, Leonor por narrar esa historia. Una totalidad que encandila… transparenta la multiplicidad de las significaciones que tiene la palabra y que se muestra en esa cuidadosa elaboración del enunciado.

Por eso la maravilla que propone esa totalidad en la lectura… Una totalidad que permanece y que retorna no solo en la historia relatada… sino en las remisiones a este tiempo que vivimos. La posibilidad de hacer nuestras las imágenes, de recuperar el valor de la palabra. De atisbar-hoy- otras formas que muestran que nada es para siempre… Formas nuevas, diferentes, inconclusas en su formulación y en su significado… porque la escritura, la pintura, forman parte de las modalidades que cada momento histórico -eventualmente- produce y reproduce. Quizás este es el acierto que me ha subyugado en la lectura: ese reconocimiento, esa certeza de que aún podemos crear excepcionales textos como personas, como humanos…. y Leonor lo logra con su novela.


[i] María Paulinelli es profesora emérita de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba.

[ii] Goya y los caprichos del tiempo, Leonor Mauvecin, Emporio Ediciones Córdoba, 2026

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 comentario en “Goya y los caprichos del tiempo, de Leonor Mauvecín”

Scroll al inicio