Sobre la obra de Gustavo Tisocco
Por Hugo Francisco Rivella[i]
No sé si la poesía es una búsqueda, pero seguramente en esa búsqueda uno intenta definir lo que es, o creer en el hechizo de la palabra, y en esa maravilla, encontrarnos. El espejo nos devolverá lo que miramos, la misma figura, la ilusión de haber sido y mostrar cómo somos, quizás en ese andar uno tropiece con un espejo roto y no con un abismo imposible de saltar
Gustavo Tisocco creció, como todo niño, buscando ser a cada instante, el hombre, la mujer, el paisaje difuso de la fantasía, en lo que ahora defiende; la identidad del sol en la sombra. En Sutil define que la poesía perfuma sobre sus huesos, en las calles de una ciudad que destella crueldad, en las Madres y abuelas, en el blanco pañuelo que alumbra sus pasos. Compromiso. Con la realidad, con la Poesía, con la memoria Qué pensaba el poeta cuando decía en un verso Fácil y sutil el salto al vacío.
Miro al poemario desde afuera, de lo que cuenta, infiero desatinos, la sed del náufrago oteando un desierto a la distancia. Intento ser el otro ¿Deseó sentirse pájaro, volar al infinito? Hay sesgos de su otra profesión, la que le da de comer, porque la de vivir es ésta, un cuerpo enajenado lleno de preguntas. Pienso que Sutil es un pañuelo blanco que ronda la plaza junto a las madres y a las abuelas sosteniendo la libertad en cada palabra Sé que es la lira de tus manos el mensaje secreto, sutilmente lleno de metáforasEntre soles y sombrasdefine lo que piensa. La duda no está en lo que dice, si no lo que expresa cuando uno hunde sus ojos en el poemario.
El poeta nunca ha de ser prisionero de la sombra, porque grita de pie…estruja su garganta…busca las palabras en el olvido
Despliego mi voz, empiezo a ser libre., termina diciendo en un poema.Cruzado por el amor, el poeta sostiene al mundo en estos versos tan hondos:
Nos dejamos olvidado sobre el piano
nuestro último suspiro.
Al calor de la vieja chimenea
tus pies desnudos rozan los míos.
En el suelo yacen tus miserias y tus miedos,
ahí dejé junto a mi camisa mis desamparos, mis pudores.
El poeta ahonda su soledad, la descuartiza cuando camina entre los edificios de una ciudad dolida, siendo en ella presencia y exilio. No importa si se hunde en el barro o ignora los espejos, todo sigue siendo una sutil búsqueda entre sol y sombras. Gustavo Tisocco, aunque cierre los ojos y se busque adentro, en la infancia, en lo que va creciendo para encontrar su identidad, la sociedad, el hambre, el niño, el hombre postergado, la mujer vapuleada le tironean el corazón por eso necesita gritarlo más fuerte, en el rostro de una sociedad que se mira a sí misma
Nuestro silencio / nos transforma en cómplices.
No lo golpean únicamente los que desgarran sus ojos, si no la memoria del otro, los pueblos postergados, envilecidos, empobrecidos. El poeta caminó entre las piedras de la puna, se sumergió en el mar, en la historia de esta América profunda de Kush, de Domingo Zerpa, en la Cultura del silencio del cura Olmedo, por eso dice Retorno hoy a mi morada, pero no soy el de ayer, porque ya nunca dejará de comprender aquel 1978 de fintas y gambetas, de cínicos, abusadores Asesinos aplaudidos, sueltos, desafiantes entre mundiales y caretas que aún perduran.
¿Debo aclarar la referencia a una dictadura que asesinó a Santoro, a Ohesterheld y sus cuatro hijas, a los arrojados al Río de la Plata, los muertos en Palomitas? No hace falta
Entre sol y sombras el poeta eligió caminar hacia la luz, ama, gimotea, se entrega
cuando camine hacia las sombras sienta que es eternidad lo que abruma y no simple olvido.
Eso es a cada tranco la poesía de Tisocco. En vez de palabras, el poeta junta piedras de rayuela para llegar al cielo. Porque en la infancia lo aguardan sus hermanos, el río que se despereza en su cuerpo para después, con los años, ser esta vorágine que escribe lo que siente.
Paisaje íntimo. La casa es un refugio a donde regresa siempre, porque allí sigue intacto el sueño de un país hecho a hebras de puro amor ¿Los textos de Montessori florecerán en su corazón? ¿Antoine de Exupery mirará en el poeta a León Whert cundo era niño? ¿Será Neruda el que le dicta que juegue para que no pierda su niño? O dirá como Rilke ” La única patria que tiene el hombre es la infancia”
No encuentro un solo verso que derrumbe al poeta, todo renace, fulgorea, estalla como brasa. La vida es un desafío aunque le digan no vayas al río que puedes morir. Y si renuncia al amor o ensaya una despedida ofrece:
Me cedo a ti y no soy abismo, sino un frágil barrilete extraviado en el viento
Recordar, volver a pasar por el corazón, lo que lo alienta a seguir es el modo en que ha vivido los naufragios, los golpes al corazón, la historia que buscan invisibilizar pero que en el poema nacen porque del útero temeroso brotaron pañuelos blancos.
Una poesía sin olvidos es la de Gustavo Tisocco. Cuando del exilio, digo, el de la palabra, de su lugar de residencia, siempre regresa a la mirada del abuelo, su pueblo, ese rondar por los recuerdos con entrega y ternura. Así vivo los poemas que aluden a su infancia, a su niñez de duendes y fogatas, a sus hermanos:
“Con mis hermanos fuimos tribus,
malabaristas, despistados brujos, la princesa era mi hermana
y el dragón
a veces fui yo”
La poesía de Tisocco no tiene olvidos, y otra vez golpea la sombra de los desaparecidos, de los que arrojaron sin clemencia al Río de la Plata:
Hoy bebo / a mis muertos. / Avergüenza mi sed.
Y cuando creo o necesito releer su libro, en el último escrito de Paisaje adentro dice lo siguiente: “Sigo aquí en la inconciencia de no tener hambre. Elijo el vino que embriaga mi soledad tan propia, desprecio ajenos disfraces, me envuelve mi desnudez guerrera”.
Cuando un hombre pinta, piensa, cuando escribe está haciendo filosofía. ¿Qué lenguaje trasmite una pintura? ¿Cómo atrapo sus colores? ¿Vago del azul al rojo, deshojo al arcoíris, indago la mirada del pintor del cuadro? ¿Agito mi propio yo? En Pinta poemas desafía el ojo del lector y desafía el ojo y las manos del que pintó el cuadro. ¿Qué soy en ese cuadro? Me llevan de la mano, Van Gogh, Modigliani, Dalí, Emil Nolde, Goya, Manet. Me desconcierta el trazo en la mirada del poeta que indaga, escudriña el corazón del cuadro. Busca lo indecible y recupera el ojo para escribir el libro. Desando sus poemas en las alas de un colibrí. Desde todos los costados y en cuáles de ellos se instalará el poeta. Girará su mirada.La palabra lo empujará a caminar. En el primer poema define que el poeta es un gusano, y a traspié, no sabe si hay grandes poetas, pero lo que sí busca es encontrarse con su cuerpo, el distendido, lo que le devuelve el ojo cuando intenta ser el que siente ser:
Esa mujer que me observa desde el cuadro he sido yo.
En la habitación del piso en donde vive, ya no frente a un cuadro como en su libro Pintapoemas, imagina sombras, destellos, risas, los ruidos que demacran sus horas, mientras palpa su cuerpo y lo recorre, aunque hermoso y erguido, / inevitablemente me marchito”.
Cuando uno recorre, anda y desanda la obra de un poeta, en este caso Tisocco, confirmo la idea de que escribimos un solo libro con muchos capítulos en los que cada uno de esos capítulos es un libro, lo que no cambia es el pulso que lo atraviesa, el poeta desgarrado y asombrado juntando de a pedacitos lo que vive, mira y recompone la mirada en ese espejo que es la Poesía, la creación.
El poeta me lleva de la mano.
Amaba…los caballos trotando por tu cuerpo…tus escombros
Tiene heridas su voz, las calles de su pueblo, el río desbocado en su cuerpo el amor será un carozo horadando la tierra. Qué ilusión desgarra lo que vive y sin nombrar el Paraíso, como lo hago yo mientras escribo, se pregunta por
un Dios que andaba desnudo…
que hubo una mujer que prefirió vestirse…
Nadie sabe de dónde surgió la serpiente
No se atreve a nombrar, me corrijo, deliberadamente no quiere hacerlo-Hasta esa libertad nos ofrece, como lector, agradecido. No importa. Lo que importa es el desafío de ser quien interroga al mundo y lo deja tieso, contra un cielo de mármol, aunque incrédulo se esconda. En cada palabra, en cada poema el poeta triza su ternura, ofrece su corazón, desentraña lo oscuro refleja lo que siente, lo que entrega, la identidad de ser lo que no encuentra, también deja nombres como el de Rufina Cambaceres, Elisa Brown, Luz García Velloso en donde el amor, a veces, es un entramado de traiciones de una sociedad que oculta o silencia los nombres, las razones de la muerte, sus vestigios raídos para que siga siendo un triste apariencia en un rincón cualquiera de la Recoleta.
Es Terrestre su corazón, aunque ame a un hombre pez y lo asfixie. El poeta sugiere y provoca incertidumbre por más que describa a la muerte vestida de payaso, de sombra, de muñeca, de un Dios ausente, y eso me parece un acierto, como si en el final de un cuento apareciera Judas y traicionara la morada del ángel y la metáfora sea lo que incita al lector a repasar lo escrito.
Su madre corre entre los alelíes, su abuela calla por la muerte del hijo, todo es un remolino sostenido por el ojo del poeta que mira el vuelo de las mariposas, habla del exilio, pero es un prisionero de lo que ama, de lo que ha vivido, la infancia con duendes y monedas, de los pies desnudos sobre la hierba que recuerda y sea esa mariposa atravesada por su propio vuelo. Alejandra asoma a cada rato en los poemas de Tisocco, la del suicidio, de las pastillas de secobarbital, la que sin nombrar reconocemos.
Homenaje y memoria ¿Existirá Dios? Se pregunta, pero esa pregunta es un retorno a lo que desde el inicio se plantea, sugiere, busca y rebusca responder. El poeta sabe, es consiente que sólo el amor nos salva, más allá de las oraciones en un reclinatorio sin fronteras. Buscar la identidad. No desfallecer. No ser el ángel desterrado del Paraíso, ser uno de los treintamil que aguardan el milagro del regreso a la vida.
Gustavo Tisocco mira desde el asombro niño, el que le posibilita ser transparente cuando habla de este que soy, sin dobleces, con rasgaduras, pero el corazón intacto para seguir escribiendo, enfrentando a la sociedad, al siglo que ambiciona poner al mundo de rodillas, en penumbras, volvernos ciegos para ocultar sus miasmas. El poema corto, reflexivo me deja sin palabras o mejor, mucho mejor, transcribo de a retazos al poeta :
Cada niño al caer
fue deshojando la rosa.
Por cada hombre roto
una nube cubrió el cielo.
Apenas
una línea curva
en el abismo.
Herméticos los ataúdes,
el sexo en las muñecas,
las latas de durazno
La Poesía no.
Me atravesaron los poemas del poeta Gustavo Tisocco. Lo digo sin ambages. Con el único compromiso de respetar lo que pienso sin eufemismos. A calzón quitado. Desnudo. Ojalá podamos decir como Walt Whitman cuando escribía “Quien toca a este libro toca a un hombre”, también ser ese hombre que reflexiona
Dios debe ser como un gato…a veces me acaricia,,,otras me abandona.
Me gustan los hombres tristes porque tienen historias., dice en uno de los últimos poemas.
También me gustan los poetas tristes digo yo si en ellos vibra uno con la intensidad y entrega de Gustavo Tisocco. La Poesía es un mensaje secreto que hace visible al mundo. Completo la frase después de disfrutar esta Poesía reunida, de Gustavo Tisocco.
[i] Hugo Francisco Rivella (Rosario de la Frontera, Salta, 1948). Poeta y músico argentino, cuya obra ha merecido numerosos e importantes premios nacionales e internacionales.




