INSOMNIO ANIMAL, de ANAMARÍA MAYOL

Por Jotaele Andrade

Una de las características de la escritura de Anamaría Mayol es la pregunta por la poesía, interrogación esta que se remonta a la noche de la palabra cuando la poesía dormía todavía sobre su ser en sí, sobre su diosidad, su enorme panza estrellada. Entonces la primera voz que preguntó fuera de sí misma habrá sido la misma pregunta que desde entonces todas, todos y Anamaría, nos hacemos “qué es todo esto que llena, rebalsa y vacía”.

Entre todas las posibles infinitas respuestas algunas nos han llegado y todavía vibran rompiendo el anillo del tiempo. Una de las más famosas definiciones es la inapelable “Poesía, eres tú”. Respuesta satisfactoria y cerrada con moño de engaño o palabrerío, quizás, pero hay que saber soportar a poetas con la vena romántica exaltada. En el río revuelto de las definiciones brilla el oscuro epitafio de Rainer María Rilke “Rosa, oh pura contradicción, placer, / ser el sueño de nadie bajo tantos párpados”. Lo dicho por el poeta como la última vez que su boca ya muda habla en la piedra, es tal vez el mayor logro de haber ingresado al misterio y devolverlo multiplicado. Nuestra poeta, en este libro, tiene una certeza en la pregunta, sabe (se dice) que la poesía es un animal, pero qué tipo de animal se interroga a través del largo, intenso y hondo poema que inicia este territorio poético. A través de enumeraciones potentes este desconocido animal irrumpe por los elementos, atraviesa la distancia con la lluvia, a veces mujer, niño, hombre, a veces alguien que toma el trono de dios, a veces locura y grito. Es un animal multipresente, de muchos pelajes, de múltiples formas, la rosa contradictoria, la rosa múltiple en el ojo vacío de la rosa.

“el ala desplegada de la noche / que despierta los muertos”

también y es esta una visión trágica, sí pero también maravillosa pues sólo a través de la poesía podemos hablar, cantar, llegar a nuestros muertos, obligarlos a cantar su silencio, tal como dice la poeta chilena Stella Díaz Varín “Los obligo a mis muertos/ En su día/ Los descubro, los trasplanto/ Los desnudo/ Los llevo a la superficie/ A flor de tierra/ Donde está esperándolos/ El nido de la acústica.”

Como ya dije ubicada en la pregunta se encuentra parte de la respuesta y en este libro de Anamaría Mayol, la poesía es un animal. ¿Y de quién es el insomnio animal? Esta pregunta nos lleva a la conversión, a la mutación donde se asume la voz para decir animalmente las cosas, decir con otros lenguajes lo que nos está vedado con el nuestro, como en el poema “La caída” donde vuelven a levantarse los queridos que ya no están y la poesía revela su animal en una mutación transitoria, claro:

“croa una rana en el rincón del patio/ hay un resucitar de antiguos muertos/ entre las hojas húmedas”

esas hojas húmedas hablan de la intemperie sobre (y en) la página y de la intemperie en el mundo y también del movimiento animal de la voz entre el follaje que suceden a las desapariciones. La voz furtiva tratando de descorrer el velo del misterio.

*

En el poema “Juego” la voz poética construye su propio animal.

“inventa el aire /el remolino /la certeza del ala”

Es la poeta jugando a ser dios. Verbal e imaginativo. Aunque, bien sabemos, que el desciframiento de la imagen poética, de la palabra poética, del sentido poético a través de la escritura es clarividente y ciego en la espesura de la pantalla digital, en el rompecabezas de la plenitud poética a la que apenas podemos asomarnos con nuestros sentidos limitados, con nuestra lengua más sedienta para una gota de agua. Hay una reconstrucción del ala más que del vuelo y a su vez, esa ala, da en nuestro cielo verbal nuestro vuelo poético.

En este juego al que atiende, que bien ha dicho Olga Orozco, conlleva mucho peligro, Anamaría se permite las trasmutaciones necesarias para vestirse también de muchas pieles

“su corazón de pájara”

para tener varios lenguajes (por caso ahí está esa magnífica imagen “la máscara agrietada por el viento” que podríamos traducir como una flauta múltiple soplada por la poesía, el lenguaje del silencio en:

“la voz enmudecida /que aprendió a narrar la espera /del animal agazapado”

el lenguaje de la memoria:

“palabras alfareras /alrededor del olvido”

el lenguaje con la piel de la desesperación:

“y hay un pez que boquea la noche”

Estas y otras transmutaciones permiten que la poeta contenga el insomnio poético y transfigure, finalmente, en su propio animal poético:

“la noche es más azul / desde ese insomnio”

*

Me atrevería a decir que hay tres pilares fundamentales en la poesía de Anamaría Mayol, el amor, la naturaleza y lo social. Dentro de “Insomnio animal” la voz poética se cubre con el amor desde sus pieles ardientes. Ahí anda entonces, llama que “levanta fuegos en el poema”.

O desde la pérdida:

“reconoce su nombre /entre las piedras”

o desde la necesidad de la fortaleza:

“y está prohibido /derrumbarse en vuelo”

o desde la ternura:

“un aliento de sol llega temprano”

Varios poemas reflejan la honda preocupación que conmueve a la poeta sobre los asuntos y sucesos del mundo. Líneas profundas y certeras como “en la trastienda del odio están los cuervos” y “hallo un trozo de bandera adulterada” dan cuenta de ello. Y este poema brevísimo que semeja una estocada:

“la noche grita en mi país / y sangra”

*

Quien se acerque a este libro tendrá la agradable sensación de una poesía que horada, como la gota, la piedra de los sentidos desde donde emerge al fin un silencio sagrado, como si hubiera entrado a un recinto dominado por un espíritu que bufa animalmente y canta como un ángel insomne.

Jotaele Andrade

invierno de 2026 en la ciudad con nombre de un color

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio