El nadador, de John Cheever
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Anoche leí, después de mucho tiempo, El nadador, de John Cheever(escrito en 1964). Era un domingo de verano. Reunidos en torno a la pileta bebían y disfrutaban del sol, mientras se reponían de la resaca de la noche anterior. El personaje principal Neddy Merryl, un hombre en nada diferente de los que lo rodeaban, bebía al sol. Por su apostura “podría habérselo comparado con un día estival”. Aunque ya no era joven, conservaba la energía propia de la juventud. “Hacía el oeste se dibujaba un macizo de cúmulos, desde lejos tan parecidos a una ciudad”. Se avecinaba una tormenta. Él disfrutaba de sol, del agua y parecía beberse el verano. Su casa se levantaba en Bullet Park, unos trece kilómetros hacia el sur, donde sus cuatro hijas seguramente ya habían almorzado y quizás ahora jugaban tenis. “Entonces se le ocurrió que derivando hacia el sur oeste podía llegar a su casa por agua”. Esta ocurrencia de Ted es la que dinamiza el cuento hacia su propia odisea. El regreso a casa por agua. No podemos dejar de pensar en Ulises, el héroe que creó Homero en el S. VIII a.C. Ni en Ulises, protagonista de James Joyce, que narra la historia en una sola jornada – 16 de junio de 1904- de Leopod Bloom, que representa a Ulises y de otros dos personajes: Molly Bloom (Penélope) y Stephen Dedalus (el poeta), en la ciudad de Dublín.





