El palacio vacío, de Raúl Nieto de la Torre, el alienado hace palacio: una revelación en el vacío

Por Jorge Rodríguez Hidalgo

            El palacio vacío[i] es la primera novela de Raúl Nieto de la Torre (Madrid, 1978), poeta, editor (“Cuadernos de la Errantía”), doctor y profesor en Literatura que entrevistó ONCE VARAS en el número inicial de su andadura. Autor de más de una decena de libros de poemas, es, sobre todo, un apasionado de la cultura en cualesquiera de sus manifestaciones, especialmente en el ámbito de la escritura, que persigue difundir (desvelándola y compartiéndola, sin imponerla) porque entiende que es un bien comunal tanto como una necesidad a satisfacer por todo el mundo; es decir, está persuadido de que se trata de un derecho individual e irrenunciable. La escritura, en efecto, es un bien colectivo que, además de poner en contacto a los miembros de la comunidad, permite, si así lo quieren escritores y lectores, dar a conocer ideas, aspiraciones y decepciones, así como establecer vínculos de toda suerte: sentimentales, sociales, de identidad, de seguridad frente a las adversidades, lúdicos… Consciente de ello, Nieto ha dado a la imprenta una obra claramente ideológica (por la riqueza de ideas, aunque habrá quien vislumbre también trazas de ideología), además de poética. Porque, poeta por encima de cualquier otra consideración, y aunque no lo parezca a la luz de una primera lectura, especialmente si es superficial, El palacio vacío se estructura como lo hace su poesía: más de un punto de vista siguiendo trayectorias paralelas que acaban convergiendo… en una conclusión que muchas veces niega las proposiciones precedentes, o transmutándose en un argumento cornuto; estados cotidianos categorizados al modo kantiano, como la soledad, el vacío, incluso la identidad. Todo ello servido con ayuda de la polisemia, el juego especular, el secretismo y hasta el sincretismo que tanto caracteriza el pensamiento de nuestro autor -su respeto a la prolijidad del conocimiento tanto como al convencimiento de que nada es ni definitivo ni único, ni ejemplar ni incontestable. Sin olvidarnos de la herramienta/ser/esencia: la poesía por ella misma, incluso más que la poesía como vehículo/camino/fin de la existencia.

           Llegamos, así, al debate por excelencia que sufren, en pie de igualdad, poetas y narradores: ¿Los poetas pueden escribir novelas (con autoridad, se entiende), pero los novelistas no pueden (¿inepcia?) escribir poesía? Quienes pensamos que es la inmersión en la palabra, en el sentido profundo del lenguaje, lo que permite ahondar en igual medida en el busilis de aquello que se quiere explicar, opinamos que un poeta puede incursionar en la narrativa con más éxito que un narrador en la poesía. ¿Por qué? Porque trabaja el interior de las palabras como un espeleólogo lo hace en las entrañas de la tierra; y, haciéndolo, nunca da por sentado lo que los sentidos le allegan. Esto es constatable en la novela de Nieto de tal modo que nos es difícil decidir si el argumento a que nos enfrentamos es una distopía, a la manera, por ejemplo de las de Kafka (El castillo), Huxley (Un mundo feliz) u Orwell (Rebelión en la granja o 1984), una pesadilla muy real o una utopía para entusiastas de un futurismo castigador de díscolos y no afectos al orden imperante. Es tan preciso el uso del lenguaje en esta novela que no hace concesiones al sentimentalismo, ni toma partido -esto es lo más importante- en las situaciones “contadas” (nos hacemos eco aquí de la diferencia entre contar y decir, de acuerdo con el escritor español Ramiro Pinilla (1923-2014)). Al contrario, Nieto procura no dirigir al lector; la aparente frialdad en la narración es una señal inequívoca de que no hay una moral irradiadora ni propuesta de una ejemplaridad: ¿es una manifestación de libertad creadora, de respecto al lector, de desapasionamiento y generosidad del autor?

            “Todos allí dentro parecían haber olvidado que en alguna parte del mundo existían flores, mujeres risueñas, casas alegres y hospitalarias. Todo allí dentro era una renuncia, pero ¿a qué, por qué misterioso bien?”. La cita que preside El palacio vacío es del escritor y periodista italiano Dino Buzzati (1906-1972), en cuya obra son identificables las influencias del checo Kafka (1883-1924), el surrealismo y el existencialismo de los franceses  Jean-Paul Sartre (1905-1980) y Albert Camus (1913-1960). Es congruente la elección de Buzzati, pues la escritura de Raúl Nieto recorre tales territorios, aunque sin hacer de ello profesión de fe.

            El argumento de la obra es el que sigue: el Encargado de Control e Incentivos, ECI, ‘Teófilo Castro Martínez’ (a la sazón narrador de la obra), que está a punto de jubilarse de la empresa ‘Icaria Solutions’, cuenta su experiencia laboral/vital de más de treinta años a su sustituto, un joven (¿él mismo?) a quien procura enseñar los rudimentos de la profesión que va a ejercer y de las características del mundo al que va a estar ligado en el futuro. El lugar de trabajo es una gran nave ubicada en las afueras de la ciudad: “es un lugar de paso, uno de esos ‘no lugares’ a los que aluden los expertos: aeropuertos, estaciones, tierras de frontera donde se pierde temporalmente la identidad. No pertenecen a nadie en apariencia, los seres y las cosas van y vienen por ellos, de forma intermitente, sin impresión de duración. Excepto para ti. Tú eres quien sigue ahí mientras todo aparece y desaparece”. La empresa es una distribuidora, “un grupo semiautomático robotizado con salida al exterior”, que se rige por el sistema R & P (Recompensar y Penalizar). Repartidores y trabajadores se reconocen por una letra y un número, de modo que nada personal sepan los unos de los otros, que no puedan socializar. Al sistema se accede siempre mediante una pregunta: “Lo importante es siempre la pregunta con la que accedes al sistema R & P. la pregunta es el sistema, bien mirado”.

            Los elementos principales de la obra (personaje principal y narrador, empresa y empleo) se presentan como símbolos. El hombre de hoy habla consigo mismo, con quien fue de joven, como si recordara mientras crea el futuro. La dislocación temporal va un paso más allá de lo que intenta, por ejemplo, Siri Hustvedt en su “Recuerdos del futuro”, en que la memoria de una escritora se activa a partir del descubrimiento de unos diarios. El nombre de la empresa, ‘Icaria Solutions’, creada por ‘José Luis Kargol’ y ‘Alexander Donovan’, remite al conocido mito griego de Ícaro: el atrevimiento, la rebeldía o la ambición, la inconsciencia o la lógica voraz del conocimiento y la experimentación con los conejillos de Indias más deseados: los humanos. La novela de Raúl Nieto surte una miríada de ideas que obligan al lector a pensar en otros tantos aspectos de la vida y del pensamiento: la empresa surge de una iniciativa bicéfala: el inventor del sistema y creador del espíritu de la compañía (Kargol), por un lado, y el gestor económico (Donovan), por el otro; el tiempo tiene un valor nuevo: “hacer tiempo” (hacer invisibles bufandas, jerséis y calcetines de segundos y minutos, de horas y días. Nada”; el azar insondable: “es un idioma incomprensible y cuanto más lo trates de entender, peor. ‘Es el idioma de los dioses’, les encanta repetir a los teóricos del R & P. […], ese orden secreto que es el azar”; la alienación laboral asumida como fracaso existencial: “El mayor éxito de la compañía es haber conseguido que los trabajadores, ante las dificultades que se les van presentando, achaquen sus fracasos a su propia falta de capacidad y no se organicen entre ellos para protestar contra el Comité de Dirección. ¿Recuerdas que solo tienen acceso a una inicial del nombre de sus compañeros? Te dije que era para evitar rencillas personales, sí, pero también eso ayuda a separarlos, a que cada uno se ocupe solo de sí mismo. ¿Quién sentiría pena de un simple H39 o de un P76?”

            La atmósfera en que se desarrolla la novela excluye cualquier atisbo de humanidad: las relaciones interpersonales, la empatía y, por supuesto, los sentimientos íntimos, como el amor, la rebeldía… Y sin embargo, es la subversión de ese estatus lo que va poner en riesgo el nuevo orden que el sistema R & P pretende implantar: “Seguro que alguna vez te has enamorado. Eres joven. […] Para este trabajo no seleccionan a cualquiera, así que debo suponer que sabes bien lo que es el amor y lo más importante: estás al tanto de los peligros que puede acarrearle el amor a quien ocupa un puesto de responsabilidad como este”. ‘Teófilo Castro Martínez’, ‘Teo’, se enamora de una trabajadora, ‘Adriana’, por la que está dispuesto a desobedecer al sistema, a socavar sus principios, a buscar la libertad: “Esa ilusión de libertad, esa emoción que sienten al tomar decisiones radicales sobre su cuerpo, anula el pensamiento crítico en relación a la empresa y a la sociedad en general. No ven más allá de sí mismos. Mientras ellos deciden libremente sobre su cuerpo, ‘Icaria Solutions’ decide libremente sobre sus vidas”; “La única forma de salvarme era hacerla partícipe de mi secreto. Pero eso nos convertiría en fugitivos, nos darían caza, tratarían sin piedad de eliminarnos, nos borrarían del mapa, ¿eso es lo que quieres para ti, pobre diablo solitario?”

            Raúl Nieto se sirve del aforismo para intensificar el efecto de los pensamientos: “quítale a un gato la curiosidad y tendrás a un ser inmortal”; “Quítale a un ser humano la esperanza y tendrás un ser impredecible”; “La tristeza del ser amado es un espejo insoportable”; “Somos los guardianes de un idioma terrible”; “Creerás que vives encerrado. Sentirás la tentación de la aventura, del afuera. Pero el adentro y el afuera son dos sueños sin cabeza que los sueñe, muchacho. Ninguno es más real que el otro”.

            Nieto de la Torre procura dejar claras sus preocupaciones: la relación máquina/ humano (“La teoría detrás del R &P parte de la premisa de que la máquina, por la mera exposición constante al ser humano, corregirá a este y lo hará evolucionar hacia un ser menos imperfecto”); esto es, los primeros efectos evaluados de la irrupción de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas. El amor, la subversión de ‘Teo’ y ‘Adriana’ va a llevar a un clímax de violencia que, paradójicamente, mediante una insospechada catarsis, acaba por someter al sistema al protagonista (anotamos en este punto un homenaje a “La invención de Morel”, de Adolfo Bioy Casares). Las pulsiones humanas, hemos de colegir, solo conllevan desorden pues ponen en juego, mediante las pasiones del amor y el odio, las debilidades del ser humano: “La fuerza no es sino ocultar al resto lo que nos hace débiles”; “Lo inútil no es tan inútil, bien mirado: se convierte en un detector de seres errantes, de potenciales depresivos o maníacos”; “Somos supervivientes del deseo de los otros”.

            El drama, o casi tragedia, lo desarrolla Nieto de la Torre de forma desapasionada, cruda, lo que le confiere aún mayor dureza: la frialdad del crimen. El manejo del tiempo, entonces, obra una doble virtud: distanciarnos de los hechos de fuerza, así como propiciar el desvelamiento del origen del sistema: “La inteligencia del sistema había entrado en mi mente y había extraído la información necesaria […] con la intención de desestabilizarme. Lo consiguió”. Al mismo tiempo, nos advierte de la inutilidad de cualquier intento de contestación o denuncia del propio sistema: “Se abriría de inmediato un debate global sobre la ética de este tipo de corporaciones que utilizan sistemas de inteligencia para leer el pensamiento de sus empleados: ¿Dónde quedaba la libertad del ser humano frente a la ambición de estas corporaciones multinacionales?” Y a continuación el concepto de verdad levanta su doble filo: “Una serie de hechos puestos en palabras y aceptados por la mayoría, eso significa ‘relato canónico’ y eso es lo que te he contado […] ¿Que quién decide lo que es verdad de todo esto y lo que no? […] Lo decides tú ahora mismo. De ti depende que lo consideres verdadero y lo cuentes como tal algún día o que lo califiques de falsedad y te lo calles”. Porque “es la naturaleza del guardián no la del rey ni la del comerciante sino la de quien mira quieto el infinito y sueña con viajar a esa frontera”.

            ‘Teo’ llega al cerebro del sistema, ‘José Luis Kargol’, en paradero oculto por voluntad propia. No oirá críticas del ingenio creado, sino todo lo contrario: “Eres, Teo, claro que sí, el guardián de mi máquina. […] El sistema, Teo, se creó con el objetivo de doblegar la voluntad humana. […] La psicología social ya demostró dos cosas en su día: la necesidad del ser humano de pertenencia a un grupo y la posibilidad real de poner en duda hasta lo más evidente si contradice la opinión mayoritaria del grupo. De esas dos debilidades humanas se aprovecha la inteligencia del sistema R & P. […] ¿Te has fijado de qué forma tan cruel la sociedad actual te enfrenta a quienes más quieres? […] Es terrible, Teo, cómo intentan separarnos, que nos hagamos daño entre nosotros, que nos aislemos. Y así ganan, Teo. La banca siempre gana”.

            No hay margen para la ilusión ni la utopía, pero tampoco para la visión distópica, y esto es lo más lacerante, porque lo que vence es el conformismo, la atonía, la sumisión: “Llegado el  momento, Teo, tuviste que elegir entre ‘Icaria Solutions’ y tu amor por ‘Adriana’. En otras palabras: tuviste que elegir entre un estatus acomodado y la orfandad de vivir sin seguridades materiales. La inteligencia del sistema R & P detectó tu debilidad y puso en marcha los mecanismos que yo diseñé para su autodefensa”. Y la revelación: “En ese instante comprendí el sentido profundo de toda aquella peripecia que me había llevado a enfrentarme cara a cara con Kargol. Necesitaba saber que yo era inocente. O que al menos no era del todo culpable. La búsqueda de inocencia había guiado mis pasos sin yo siquiera darme cuenta durante los últimos meses. […] El único hecho verdadero es que una máquina no puede ni extraer ni introducir pensamientos en nadie. Ni buenos ni malos”.

            ‘Teo’ se va a jubilar. Lega a su “sustituto” un cajón “cuya llave hemos perdido y que imaginamos repleto de cosas fabulosas”. Pero casi todo ha de permanecer silenciado: “Has sabido cosas que morirán contigo y eso siempre supone una carga, sobre todo al principio”.

            ¿Quién es ‘Teo’, quién su sustituto?: “Por momentos, sentí que estaba conversando con mi yo de hace treinta años, el que cruzó esa puerta sin saber muy bien hacia dónde se dirigía”. ¿Quizá al palacio vacío que cobijó el amor prohibido de un hombre y una mujer?


[i] El palacio vacío, de Raúl Nieto de la Torre, Ediciones Contrabando, Col. Narrativa 48, Valencia, 2026

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