Cartas de la Palabra RÃo
Por Claudio Asaad
Esa tarde
Eres y sabes, ya ojo
o magnolia repetida,
que da vida al vapor de la mirada.
Ana Becciu
Está por llover. Por eso el calor amenaza con hacer agua a la tarde. Se esconde detrás del gris turbulento del cielo. A veces ilumina intermitente la noche y la nube más oscura y ruge a una distancia difÃcil de determinar, un sonido que se extingue en etapas, como si proviniera de una tropilla que se mueve en distintos puntos del espacio.
Hay, sin embargo, un blanco diáfano que bordea las formas, haciendo que la luz se ilumine sobre las sombras, vuelve incapaz al viento que ahora insiste en transformar con premura el paisaje sereno de sonoridad lenta.
El perfume terroso se desprende del jardÃn, se movilizan las lavandas para abrir los ramos, el rosal ya sufre, dice mamá, pero mejor que llueva ahora, asà la noche el tÃo Beto nos viene a buscar en el auto rojo y nos lleva a comer los tallarines verdes con mucha salsa y después el flan.
Un trueno atronador ocupa todo el salón y hace dudar a la madera de la tarima, donde mamá me sentó para peinarme con el peine de dientes finitos. Tenés el pelo suavecito, dice mamá, como lomo de conejo, como espuma de jardÃn, canta mamá. Accidenta su voz con la pronunciación de algunas letras, pero yo igual suelto una lagrimita de esas que no se sabe por qué, pero que te liberan el bichito que come de tu panza.
Mamá separa cabellos, prueba cuál es el mejor modo de hacer algo con ese peinado de corte a la taza, como Carlitos Balá.
El viento recoge hojas y palitos y los entra al salón. Una frescura inaugurada se asienta en los cuerpos, enfrÃa la ropa, la piel, piel de gallina.
Mamá pregunta: «¿FrÃo o miedo?». Me encojo de hombros.
Se hizo de noche. «Es tormenta», dice mamá, «es la tormenta». Caen las primeras gotas y después diluvia. Mamá mira hacia la puerta, pregunta por qué miro para abajo. Me seca una lágrima fugitiva que se dejó ver de pura imprudente. «Hijo, es lluvia, agua y viento».
Subo la mirada. Ella me mira, no sonrÃe, apenan sus ojos. Dice algo medio en árabe y medio en español. No hay nada que hacer cuando cae la lágrima. Es tarde. El dolor se derritió y ahora es agüita para la tierra.
Vamos al pasillo a sentir la lluvia, a mojarnos todos, a destruir el tiempo de lo hecho. El peine de dientes finitos se quedó solo en la tarima y la luz se apagó, porque a veces un trueno es la voz desesperada de un rayo que cae sobre todos los lugares del mundo. Nosotros hacemos silencio mientras chapoteamos entre los charcos y el cielo gris.
Elias



