Follar por amor, amar por placer, el erotismo segĂșn Silvia Rins

Por Jorge Gamero

            Yo no conocĂ­a a Silvia Rins, aunque tenemos un buen nĂșmero de amigos en comĂșn. Nuestros nombres solo nos resultaban familiares por esa razĂłn hasta que, finalmente, nos pusimos cara y versos en la Biblioteca de Can BarĂł de Corbera, con motivo del «V Micro Obert de Poesia» del pasado mes de marzo. Tampoco la habĂ­a leĂ­do hasta entonces.

            A raĂ­z de ese encuentro me sugiriĂł la presentaciĂłn de este libro en el mismo escenario, y lo hizo de una manera honesta, valiente, directa y quizĂĄs, aunque segura de sĂ­ misma, asumiendo riesgos al mismo tiempo con estas palabras aproximadamente: «si el libro no te gusta, olvĂ­date que te lo he pedido».

Después de aquello, también asistí a una presentación que ella le hizo al gran escritor argentino Antonio Tello, uno de los amigos comunes a los que me refería al principio.Le presentó un libro luminoso: Roma 2023 d.C., (In-Verso Ediciones de Poesía, Barcelona 2026). Entonces también pude comprobar su manera de leer, interpretar y analizar poesía, con profundidad y gran bagaje cultural. Porque, ya sabemos que no siempre la altura del lector y el autor coinciden.

Ahora ya, parte de lo que sé de Silvia, y lo que realmente mås me interesa como lector estå aquí, en este primer libro suyo que he leído y releído con deleite: Follar por amor, amar por placer[i].

            Lo he dicho y escrito hasta la saciedad: que le tengo un gran respeto al gĂ©nero. Por eso, escribir sobre poesĂ­a y presentar un libro de poemas me parece mĂĄs complicado que hacerlo sobre una novela o que sobre un ensayo. Porque en poesĂ­a parece que todo valga, que cualquier juicio estĂ© parapetado tras la consabida subjetividad y la libertad interpretativa de un verso. Pero ni es asĂ­ ni yo nunca he reseñado un poemario que no me hubiera removido principalmente las emociones, pero tambiĂ©n la inteligencia. Me he abonado siempre a aquello de RamĂłn Irigoyen, de su poema Arte poĂ©tica, donde escribiĂł:

Un poema si no es una pedrada

–y en la sien–

es un fiambre de palabras muertas […] [ii]

Cuando leí estos versos por primera vez entendí, y decidí, que era esto lo que me acercaba o me separaba de la poesía. Desde entonces es así como la leo: si no hay un poema, una estrofa o incluso un verso suelto que me zarandee por dentro; no me interesa. Así, mi manera de acercarme a la poesía es absolutamente visceral y de sensaciones. Mås allå de disertaciones académicas, que si han de tener lugar vendrån solas, lo que aporto es mi diålogo íntimo de lectura con el verso y el poeta, sencillamente.

            Y bien, hasta aquĂ­ hemos llegado. Primero le presentĂ© el poemario el pasado mes de junio y ahora, escribo esta pequeña reseña que tambiĂ©n quiere ser una crĂłnica de lo ocurrido.

Abrió el encuentro Montse Isern, incombustible y habitual maestra de ceremonias de gran parte de los actos culturales que se celebran en la Biblioteca de Can Baró de Corbera. Hechas las presentaciones, la también poeta Amàlia Sanchís, introdujo una semblanza de Silvia y una breve descripción del poemario. A continuación, yo estructuré mi presentación en una visión general del libro y la lectura y comentario de seis poemas, uno por cada parte en las que estå organizado el libro y cada bloque fue trufado con preguntas que Silvia fue respondiendo al hilo del guion propuesto, preguntas y respuestas que también voy a incorporar a este texto para enriquecerlo y dotarlo de transparencia.

Sobre el tĂ­tulo, Follar por amor, amar por placer…

El tĂ­tulo, un verso de un poema del libro, es una paradoja en toda regla y, por supuesto, una provocaciĂłn como primer contenido del poemario. Es una paradoja ademĂĄs de gran exactitud y que, si bien de entrada nos puede parecer un guiño lĂșdico-erĂłtico, que tambiĂ©n, no podrĂ­a ser mĂĄs reflexivo y mĂĄs preciso. Porque follar por amor que, segĂșn la moral occidental influida por la monogamia y las raĂ­ces judeocristianas serĂ­a lo ideal, a su vez es un placer. Y amar por placer, por amor al arte, que tambiĂ©n es, mĂĄs que un ideal una regla natural del juego, es otro placer. AsĂ­, el tĂ­tulo nos sirve en bandeja un silogismo que ahonda tambiĂ©n en el inconsciente del asunto: si follar por amor es amar por placer; follar es un placer. Otra cosa es que follar e incluso amar, a veces tambiĂ©n duele y se aleja del goce (obviamente no me refiero a un dolor fĂ­sico, que podrĂ­a). Me parece oportuno añadir a la mĂșsica o el ruido de las palabras, leĂ­das en silencio o en voz alta, que creo que no existe una palabra soez si estĂĄ bien usada, si estĂĄ justificado su uso, desde la provocaciĂłn, por ejemplo, o la invitaciĂłn a ver las diferentes caras de una moneda, tres exactamente.

La cubierta, junto al tĂ­tulo, nos ofrece una imagen: Circe ofreciendo la copa a Ulises, una copa que contiene una pĂłcima que lo convertirĂ­a en cerdo y le permitirĂ­a, con su embrujo, tenerlo bajo su control de hechicera.

Por cierto, cuando abres el libro, sobre la breve bio hay una fotografía de Silvia Rins sonriente, mirando fijamente a la cåmara y sosteniendo una copa de vino, como Circe, también en la mano derecha. ¿La mano que escribe los versos? La que mueve los hilos de la seducción, poética en este caso. Sin duda, una nueva seducción, tan vecina de la provocación y, a veces, la misma cosa.

Sobre todos estos vericuetos, todavĂ­a sin quitarle la portada, cual vestido al cuerpo del libro, hice mi primera interpelaciĂłn a Silvia.

Jorge Gamero: Silvia, explĂ­canos un poco la intencionalidad que hay detrĂĄs del tĂ­tulo y de la imagen de la portada. No sĂ© hasta quĂ© punto estarĂĄs de acuerdo conmigo en su vocaciĂłn provocadora…

Silvia Rins: La pintura de la cubierta, Circe ofreciendo la copa a Ulises, de John William Waterhouse, es la cara que yo había imaginado para el libro. Se la sugerí el editor y a él también le pareció muy apropiada. Circe es un mito femenino erótico y transgresor que aparece en mås de un poema. Respecto al título, se trata del endecasílabo con el que se cierra un breve poema, «Aniversario». Este verso provocador sintetizaba para mí el tema del libro, y su tono paródico e irreverente, dando la vuelta a una frase hecha que no solemos cuestionarnos. Me decanté por él con dudas, porque temía que pudiera dar una idea equivocada del poemario. Al final fui valiente, ya que se trata de un libro valiente.

Doy fe de esa valentĂ­a, desde la «erecciĂłn» del tĂ­tulo hasta las tripas de cada poema y cada verso, planeando por este libro erĂłtico-filosĂłfico-amoroso. En la poesĂ­a de Silvia he encontrado una transgresiĂłn constante de lo previsible, una «con-fusiĂłn» deliberada de los roles y las etiquetas, de los afectos, del amor y el sexo entre seres humanos independientemente del gĂ©nero que los defina convencionalmente. Pero desde una voz fundamentalmente femenina. Una voz al mismo tiempo irreverente y juguetona que a ratos te acaricia o te clava las uñas, que a ratos te relaja o te provoca descargas elĂ©ctricas como pequeños orgasmos, intelectuales y sensoriales. El erotismo y la sensualidad que envuelven al poema, a menudo lo hacen desde la vulgaridad e incluso la suciedad de la realidad cotidiana, no desde la idealizaciĂłn del locus amoenus como subterfugio y lugar comĂșn. El sexo se plantea como un modus vivendi, como un respirar, como el sensor de estar vivo. Hay momentos en los que un verso, o una palabra sola, aislada, te acarician como una pluma sobre la piel y, de repente, sin previo aviso, en otros momentos subsiguientes, te pellizcan, te arañan hasta hacerte sangrar mezclando placer y dolor en un rictus de rendiciĂłn absoluta.

A nivel formal, entre otras cosas, me gusta que un libro te obligue a visitar el diccionario y este lo ha hecho en alguna ocasiĂłn. Unas veces por pura ignorancia o falta de memoria mĂ­as, otras por el contexto de tela de araña que Silvia teje sobre el lector. Porque no solo se da la paradoja en el tĂ­tulo, en muchos poemas tambiĂ©n juega con ella, con el equĂ­voco y la antĂ­tesis donde cada verso es un «capotazo» de la poeta hasta robarte la voluntad y rendirte a su seducciĂłn intelectual. En algĂșn sitio que Silvia, como experta en Borges debe de saber cuĂĄl es, el ciego mĂĄs lĂșcido e irreverente de la literatura dejĂł escrito algo asĂ­: «la sensibilidad es la forma mĂĄs refinada de la inteligencia». Silvia Rins combina ambas cosas en su poĂ©tica.

Vamos a verlo.

Sobre Safe Word

Vivo sin vivir en mĂ­,

y de tal manera espero,

que muero porque no muero.

Teresa de Ávila

Usted me enloquece.

Fernando Arrabal

«Dependiente afectivo. Efectiva independiente. Y muero porque no muero en esta cårcel de amor. En esta casa sosegada de algolagnia. En esta cåmara de gas o de jazmines. Qué conmiseración me inspiran esos jóvenes modernitos, tan razonables como políticamente correctos, con sus polvos asertivos y asépticos. Esos machos alfa que se vanaglorian de sus conquistas y nunca han llevado argolla en el cuello, mordaza en la boca, esposas en las manos. Esos señoros divorciados, seguros de sí mismos, que jamås han sido penetrados con un arnés, vírgenes del principio deleitoso de la total y divina rendición. Y de tal manera espero, en mi silenciosa morada, tu llegada. Veinticuatro horas. Sin vivir en mí. Siete días a la semana. Dependiente de tus besos y de tus esputos. ¥Oh, cauterio suave! Dependiente de la pendiente de tu aliento. ¥Oh, gozo balbuciente! Dependiente de tu piel. De tus fluidos. De tu esencia. ¥Oh, llaga regalada en prisión dichosa! Poséeme ya en mi umbrosa mazmorra de amor. Afectiva efectiva. Y muero porque. Independientemente de. Dependiente de. De. De. De. De. De. De. He olvidado la palabra. Vivo.»[iii]

El poema es una enigmĂĄtica ironĂ­a sostenida desde la idea de una dualidad: la de Santa Teresa de JesĂșs, mujer sumisa entregada a merced de la lujuria sensorial fĂ­sico-espiritual hacia el Dios hombre, desde su poema Vivo sin vivir en mĂ­; y la de la propia voz femenina, menospreciando la misma figura del macho penetrador y activo, aunque dependiente de la pasividad femenina que, cĂłmo a Arrabal, lo convierte en esclavo. Una batalla secular y parĂłdica, unas veces coartada de las mujeres y casi siempre, escudo teatral de los hombres. ÂżYugo masculino o hilos de tĂ­tere en manos femeninas?

JG: Esta dualidad, Âżes complementaria? ÂżSe necesitan mutuamente ambos perfiles, incluso desde su propia inconsciencia de serlo?

SR: Últimamente se habla mucho de los roles de gĂ©nero, pero no tanto de los sexuales. La tradiciĂłn nos ha legado la imagen de una femineidad pasiva y sumisa, y de una masculinidad activa y dominante. En mi opiniĂłn, siempre que haya consentimiento y disfrute, ambos papeles son respetables, intercambiables y complementarios, independientemente del gĂ©nero. En todo caso, la pĂ©rdida de control no se debe vivir como amenaza, sino como una experiencia placentera.

Sobre La voz a ti no debida

«La voz a ti no debida                                                           Lee mis poemas

no es la del rayo de luna                                                       cuando estoy triste.

de BĂ©cquer. La de la musa                                                    Me abraza a la hora

de Catulo o de Safo.                                                              de la siesta.

La de la etĂ©rea Dulcinea                                                       Baja a tirar la basura.

o la frĂĄgil Ofelia.                                                                   Me persigue

No es la voz honesta de Beatriz                                            como una monja traviesa.

o la prudente de Laura.                                                         Me ignora

Ni posee la crueldad                                                              como sĂĄtiro ausente.

de Dolores Armijo                                                                 Me acaricia la espalda.

o de Teresa Mancha.                                                             Me da un orgasmo,

No es la voz vanidosa                                                           tibio e intenso,

y fatĂ­dica de Lord Douglas.                                                  Cuando ya no lo espero.

La del amor secreto                                                               Te miro y no te oigo.

de Juan RamĂłn JimĂ©nez,                                                       Te atiendo y no te veo.

Kahlo o Rodoreda.                                                                La voz que no se articula.

Las de los pronombres                                                          ÂżPara quĂ©?

altos de Salinas                                                                     Se diluye en la transparencia

o las visiones de Dickinson.                                                  del dĂ­a a dĂ­a.

Tampoco estĂĄ en los cuerpos                                                Brilla como una moneda

ardorosos de Whitman                                                          de cobre sobre la arena.

ni en las putas de Bukowski,                                                 TĂș Prodigio, tĂș Belleza,

ni en los versos sublimes de Shelley.                                    tĂș Rutina.» [iv]

La voz a ti debida,

la voz que te debo,

es la que no se prodiga.

Baja a comprar

el pan del desayuno.

Me cuece el atĂșn al punto.

Me regala un libro

por sorpresa.

Otra provocaciĂłn, con el adverbio negando la deuda de la palabra del poeta del amor de la generaciĂłn del 27, Pedro Salinas. Es una negaciĂłn respetuosa, no crĂ­tica, una negaciĂłn que aprovecha el tĂłpico para vehicular una denuncia implĂ­cita.

Pero Silvia ya lo ha hecho antes esto de responder a los grandes poetas del amor, poniendo en entredicho la tradición para dar un salto hacia adelante. En la pågina 21 titula así un poema: Me gustas cuando hablas, convirtiendo al amado o la amada en un ser activo y no la amante pasiva de Neruda en su célebre Me gustas cuando callas.

El poema de Rins es una evidente alusión a Pedro Salinas en La voz a ti debida (1933), primer libro de la trilogía amorosa junto a Razón de amor (1936) y Largo lamento (1938) donde manifiesta, como ya hizo Garcilaso de la Vega en la Égloga III, que el verso y la poesía están al servicio del amor por la amada.

“Y aun no se me figura que me toca

aqueste oficio solamente en vida,
mas con la lengua muerta y frĂ­a en la boca
pienso mover la voz a ti debida;
libre mi alma de su estrecha roca,
por el Estigio lago conducida,
celebrando t’irá, y aquel sonido

hará parar las aguas del olvido.” [v]

Silvia Rins, mĂĄs que negar, juega con la tradiciĂłn ancestral, clĂĄsica y ya superada del sujeto amoroso como un elemento pasivo. Con ironĂ­a y cierta acidez hace su lista de amadas, y algĂșn amado, hasta 18 exactamente, a los que libera del yugo institucional y poĂ©tico. Y, de repente, hacia la mitad del poema, el punto de inflexiĂłn con el verso de Salinas a partir del cual reivindica la fuerza del amor desde lo cotidiano y la sencillez del gesto mĂĄs minĂșsculo y mundano, como bajar a comprar el pan, pero tambiĂ©n desde el mĂĄs intenso e Ă­ntimo, como regalarse un orgasmo inesperado. Ver y vivir el amor desde un lugar donde no hay deudas sublimes o deĂ­ficas y un final, lapidario: TĂș Prodigio, tĂș Belleza, tĂș Rutina, escritas las tres palabras en mayĂșscula para subrayarlas.

JG: Suponiendo que mi interpretaciĂłn es correcta, Silvia, ÂżdirĂ­as que este poema y tu poesĂ­a en general son deliberadamente feministas? ÂżO consideras que serĂ­a una catalogaciĂłn reduccionista?

SR: DirĂ­a que es feminista, sin mĂĄs. No de una forma deliberada. Lo que sĂ­ busco deliberadamente es la autenticidad, desde la perspectiva de una mujer y marcando distancia con la tradiciĂłn amorosa canĂłnica que instauraron hombres poetas: la belleza de la amada no se ve cuando calla, por ejemplo, sino cuando te encandila con sus palabras; o el amor de verdad no se encuentra en ideales inalcanzables sino en la suma de los pequeños detalles de la vida en comĂșn. Bajar del pedestal el sentimiento amoroso y arraigarlo a lo cotidiano.

Ser feminista, y decir no serlo de una forma deliberada, es ya, en sí mismo, un apriorismo transversal y sintomåtico de la autenticidad de la poeta. Una manera de ser y de estar en el mundo, con y sin poesía. Touché, Silvia.

Sobre PosesiĂłn

«Posesión

No hay peor lujuria que pensar

Wislawa Szymborska

Como Odiseo en las sĂĄbanas de Circe.

Como Safo masturbando a una amazona.

Como Cleopatra lamiendo a Marco Antonio.

Como Arturo copulando con Ginebra.

Como JesĂșs en brazos de la Magdalena.

Como Petrarca vislumbrando a Laura.

Como Don Quijote soñando a Dulcinea.

Como Sor Juana Inés sucumbiendo a las musas.

Como Justine azotando al marqués de Sade.

Como Wilde entre las nalgas de Lord Douglas.

Como Simone con el anillo de Algren.

Como Bukowski bajo la lluvia de Linda.

Como Yoko blandiendo el pene de Lennon.

Como Borges de la mano de MarĂ­a.

Como RosalĂ­a subida a su moto,

asĂ­ me siento yo cuando friegas los platos,

te asalto por detrĂĄs y, al rozarte los pechos,

te escurres sigilosa como una anguila.

El Ășnico instante en que puedes ser mĂ­a.» [vi]

Este es otro ejemplo de placer y de sensualidad desde la tradiciĂłn y el minimalismo vital, en este caso, para romper con la utopĂ­a de la posesiĂłn del ser amado. La voz que pone el dedo en la llaga, la de Silvia Rins en nombre del mundo, vive la lujuria y la sensualidad desde lo mĂĄs prosaico, como puede ser abordar por la espalda al sujeto deseado en el momento de lavar los platos pero, ni en ese momento, como ya les ocurriera a los ilustres amantes de la historia a los que cita, nadie se apodera de nadie, es solo un momento robado donde la propiedad del otro, es una ilusiĂłn, una mentira del pensamiento como apunta el maravilloso verso de Szymborska que Silvia utiliza como cita introductoria.

JG: ÂżCrees realmente, como sugiere el verso de Szymborska, que el mejor sexo es el que imaginamos, o, dicho de otra manera, que existen fantasĂ­as irresolubles? Y, de ser asĂ­, Âżtenemos la literatura para satisfacerlas?

            SR: Creo que el sexo imaginado puede ser en ocasiones -no digo siempre- mĂĄs excitante, o incluso mĂĄs satisfactorio que el fĂ­sico. Precisamente porque hay fantasĂ­as irrealizables, o directamente, imposibles de llevarse a cabo. La literatura es un terreno fecundo para materializarlas y ponerlas al alcance de los demĂĄs. El poema, ademĂĄs, explora la idea de que el concepto de poseer fĂ­sicamente al otro -al igual que el de comprenderlo- es ya de por sĂ­ una ilusiĂłn mental. 

Siguiendo con la tradiciĂłn, hay que recordar que la poesĂ­a erĂłtica y el erotismo en general son tan recurrentes como orillados por la censura oficial o cultural a lo largo de toda la historia de la literatura. Desde el Kama Sutra en el siglo III, hasta las contemporĂĄneas AnaĂŻs Nin, con sus relatos erĂłticos reunidos en PĂĄjaros de fuego, publicados a tĂ­tulo pĂłstumo en 1979 –yo los leĂ­ en una sentada de guagua en 1985–, con las Pizarnik, Clara JanĂ©s o Ana Rossetti, pasando por Las mil y una noches, algunas albas y pastorelas trovadorescas, o los capĂ­tulos amorosos del Tirant lo Blanch. SĂ© que me dejo muchas otras referencias, a Bukowski, por ejemplo, pero para el caso no importa, podemos incluir ahora a Silvia Rins como un posible final del arco bibliogrĂĄfico, pero con una gran diferencia: Silvia no ha escrito un libro solo para exaltar el placer sino para señalar la labilidad y la sordidez del deseo. No se detiene, aunque lo ilustre en muchos versos, en la belleza del sexo, sino que va mĂĄs allĂĄ y carga contra su uso cuando genera etiquetas, castra o excluye, cuando pretende determinar la dimensiĂłn moral discriminatoria de la sociedad. En definitiva, que Silvia parte de la convicciĂłn de que el sexo y el amor son un espacio de libertad innegociable, lo demĂĄs es tĂłpico o anomalĂ­a.

Sobre Los silenciosos

«Los silenciosos

El mal es aparente, el bien es misterioso.

Simone Weil

Somos los silenciosos. Los que viven sin hacer ruido. Los que no van a discotecas ni a manifestaciones, pero en el recogimiento de sus casas bailan con desenfreno y escriben panfletos contra las injusticias que no leerĂĄ nadie. Los que de vez en cuando desaparecen del mundo sin lanzar un mensaje en una botella. Los que rehĂșyen las tertulias y los debates porque prefieren no llevar la contraria en voz alta. Los que asienten en silencio. Los que ven el fĂștbol sin volumen, los que escuchan mĂșsica con auriculares, los que nunca olvidan cerrar las ventanas. Los que caminan de puntillas por la noche y jamĂĄs dan portazos por la mañana. Los que prefieren que en su jardĂ­n proliferen las malas hierbas antes que comprarse un cortacĂ©sped. Los que se callan simplemente por motivos Ă©ticos, con el noble propĂłsito de amortiguar la contaminaciĂłn acĂșstica. Los que, amordazando sus egos, evitan las ensordecedoras polĂ©micas de Twitter. Los que, en vez de salir de fiesta hasta la madrugada, prefieren quedarse dĂĄndose un orgasmo sordo en la intimidad. Los mudos. Los que creen que no tienen nada que decir. Los que no tienen nada que decir. Los que prefieren callar por imprudencia. Los que racionan las palabras saboreando sus extraños sabores cuando las pronuncian: belleza, estĂșpido, tropezĂłn. Los que respetamos la libertad de quienes amamos. Y nos acostumbramos, en silencio, al dolor de no ser completos ni suficientes: el andrĂłgino ancestral de PlatĂłn. A desconfiar del exceso de palabras y los daños colaterales. Sin quejarnos. QuizĂĄs no se nos oye, no. Pero existimos, sĂ­. Nos sostenemos con nuestro par de frĂĄgiles piernas, nuestro abdomen desgajado, nuestros cerebros escindidos. Apenas un leve suspiro. Solo somos seres que amamos. Solo somos seres. Solo somos. Solo. Los silenciosos. Los que prefieren escuchar. Los que saben en silencio.» [vii]

            DecĂ­a yo al principio que mi forma de leer y comentar poesĂ­a es teniendo un diĂĄlogo Ă­ntimo de lectura con el verso y el poeta y aquĂ­ tenemos un ejemplo muy claro. Este poema, este texto escrito en prosa poĂ©tica, quizĂĄs para atenuar o acentuar su profundidad, queriendo hacer ambas cosas, es sencillamente magistral, mi predilecto del libro. Cuando lo terminĂ© lo releĂ­ y ahora, he vuelto a leerlo y releerlo, identificĂĄndome y alejĂĄndome, llorĂĄndolo y sonriĂ©ndolo. Tras la primera lectura anotĂ© en los mĂĄrgenes del libro, allĂ­ donde anotamos nuestra verdad: ÂĄExcelente! ÂżQuiĂ©nes son los silenciosos? ÂżLos poetas? ÂżGente inadaptada, superdotada y fracasada, hipersensible? ÂżGente extraña? ÂżTodos ellos y todo al mismo tiempo?

Este poema, que curiosamente se distancia un poco de la temåtica general, justifica un libro extraordinario y, por supuesto, esta reseña prescindible. Los silenciosos es toda una declaración humanista de intenciones, un estriptis del alma que nos interpela y nos señala, a los unos y a los otros, por descarte, poniendo las cosas de la vida en su sitio. Es un ejemplo ademås de lo que la propia Silvia decía mås arriba en una de sus respuestas: un poema valiente, para «un libro valiente».

            JG: Doy por hecho, Silvia, que tĂș eres una de ellos, pero, dime quienes serĂ­an los otros, los ruidosos o antagonistas.

            SR: En efecto, yo pertenezco a la tribu de los silenciosos. DirĂ­a que somos unos cuantos, pero al ser tan discretos, parece que seamos menos. Aparentemente, «los ruidosos» son los que mĂĄs se dejan ver: se quejan, protestan, se reafirman, se exhiben… Pero en el contexto del poema son, sobre todo, quienes priorizan hablar a escuchar. Quienes siempre quieren tener razĂłn y decir la Ășltima palabra.

Sobre Haiku

«Haiku

Mortal belleza eternidad reclama.

DĂĄmaso Alonso

Solo recuerdo

Que te he querido mucho.

No sé quién eres.» [viii]

            La primera razĂłn que me llevĂł a escoger este haikĂș, lĂłgicamente el poema mĂĄs breve del libro fue, en ese diĂĄlogo ya mencionado; una rememoraciĂłn. Me recordĂł uno de los mejores finales de novela que he leĂ­do jamĂĄs, una novela que tradujo del griego mi amiga Cristina Serna:

«(…)

Puede parecer que divago, pero me he pasado toda una vida intentando precisar “el sentido de las cosas” y, si acaso he olvidado muchas cosas –y es muy probable que así sea-, recuerdo, sin embargo, el amor. Eso sí que lo recuerdo


Atenas, mayo de 1987.» [ix]

A veces en la mĂĄxima brevedad, como es el caso, se dice casi todo… El sentimiento amoroso como una elipsis infinita, el amor como utopĂ­a, el amor soñado, el que se siente incluso al margen del sujeto amado, «No sĂ© quiĂ©n eres» dice… QuizĂĄs porque el amado se convierte en un desconocido cuando la idealizaciĂłn llega al extremo de amar al amor mĂĄs que al amante. Aquello de Luis Cernuda:

«XII

No es el amor quien muere,

Somos nosotros mismos.» [x]

(…)

            JG: ÂżA dĂłnde van a parar los amores ya olvidados? ÂżDĂłnde estĂĄn sus huellas?

            SR: Me gusta imaginar que nuestra conciencia es capaz de registrarlo todo y archivarlo en algĂșn lugar de nuestra memoria. O incluso fuera, en una «nube», usando el sĂ­mil informĂĄtico. El poema juega con esa paradoja. ÂżPodrĂ­an sobrevivir nuestras emociones, mĂĄs allĂĄ de la existencia de quien las viviĂł? 

Sobre Silabario

«Silabario

Cuida este amor. Abyecto. BĂĄrbaro. Con tus propias manos. CuĂĄntico, ditirĂĄmbico. No lo dejes caer. A este amor fofo, estocĂĄstico. A este amor gañån, hacendoso. Cuida de este amor insĂ­pido. No lo dejes caer. JamĂĄs. Protege este amor lampiño, kilomĂ©trico. Llano maravilloso. Con tu vida. Llama menguante. Nunca. Si es necesario con tu vida. Onerosa. Queda. Lo pierdas. AlimĂ©ntalo. Risible. AcarĂ­cialo, acicĂĄlalo. Soso. Con tu propia sangre. Terrible. Con tus propias manos. VĂ©ngalo. A este amor Ășnico, xilofĂłnico, yĂĄmbico. Zigzagueante. CĂĄzalo al vuelo. Zulo. Si sales no podrĂĄs respirar. Incluso si estĂĄ hecho añicos, recĂłgelo. Azul, azucarado. Con tus manos. Aunque te cortes. Aunque te duela. Cielo. Porque si no cuidas este amor ni siquiera las palabras. Únicamente te quedarĂĄn tus propias manos. VacĂ­as.» [xi]

            Cuando le comentĂ© a Silvia los poemas que querĂ­a destacar y leer en la presentaciĂłn, Silabario estaba entre mi selecciĂłn. Ella pensaba hacer lo propio, pero, finalmente, me cediĂł el honor de la lectura indicĂĄndome que ella se sumarĂ­a al comentario a travĂ©s de mi pregunta. Dentro del libro, a modo de coda o cierre, constituye el Ășnico poema del sexto apartado en que se organiza el conjunto, como para darle mayor relevancia, destacĂĄndolo con su exclusividad. Y no es baladĂ­. Recurrimos de nuevo al diccionario. SegĂșn el de la RAE, un silabario es un «Libro pequeño o cartel con sĂ­labas sueltas y palabras divididas en sĂ­labas, que sirve para enseñar a leer.» y entre los sinĂłnimos, aporta «abecedario» y «cartilla». Siguiendo esta idea, veo la intenciĂłn en este poema de sentenciar, de ser un cierre con esta especie de manual de instrucciones y advertencias. Destacan la adjetivaciĂłn, rotunda e irĂłnica una vez mĂĄs, los verbos en modo imperativo y algunas frases deliberadamente elĂ­pticas o inacabadas como, en un par de ocasiones, «No lo dejes caer» o «Porque si no cuidas este amor ni siquiera las palabras», para que los lectores las terminemos al criterio de nuestra mochila vital. ÂżEn la tentaciĂłn?, dirĂ­a yo. Y ÂżTe servirĂĄn? ÂżTe quedarĂĄn?, las palabras…

            JG: Silvia, solo me queda, para rematar este texto y mi presentaciĂłn que querrĂĄ ser una reseña mĂĄs adelante, que cierres con una provocaciĂłn mĂĄs, o con un susurro de palabras, una caricia poĂ©tica o incluso con un final feliz.

            SR: «Silabario» es el final feliz de este libro. Un abecedario afectivo donde se muestran, sin ĂĄnimo de agotarlas, las diferentes caras del amor. Hay un juego verbal manifiesto, en su ritmo enumerativo y elĂ­ptico, a la par que un elogio de lo imperfecto. El amor, solo perdura con nuestra atenciĂłn y cuidado. Y, finalmente, la imagen de las manos vacĂ­as. Si no amamos, las palabras pierden su sentido. Amar es un acto –conformado por pequeños e innumerables actos– persistente y tangible.

            Para terminar, querrĂ­a comentar una feliz coincidencia justo cuando estos dĂ­as se habla tanto de la pelĂ­cula La Odisea, dirigida por Christopher Nolan y reciĂ©n estrenada. No cabe duda de que cuando Silvia Rins escribiĂł este libro de poemas, aĂșn no sabĂ­amos que Nolan iba a perpetrar este guion original y regalarnos esta puesta en escena que, como suele ocurrirle al matrimonio cine y literatura, sirve para acercarnos a lo autĂ©ntico. Si un espectador, solo uno, soñador soy, va a leer La Odisea gracias a haber visto la pelĂ­cula, bienvenida sea a pesar de todo porque, ya se sabe que, para el gran pĂșblico, la literatura solo es bella cuando te la cuentan con imĂĄgenes y te ahorran el esfuerzo de la lectura. No es el lugar de entrar al anĂĄlisis cinematogrĂĄfico, quedĂ©monos en la evidencia, tambiĂ©n para mĂ­, de que la pelĂ­cula es una joya visual sobre una adaptaciĂłn pobre del texto de Homero. Algunos puristas han hablado incluso de adaptaciĂłn vergonzosa por simple y excesivamente libre. QuizĂĄs no haya para tanto, yo al menos lo perdono, valoro la recuperaciĂłn de los grandes momentos del poema Ă©pico, y la idea fundamental del viaje con todos los peligros, de la errancia que plantearĂĄ tantos conflictos humanos al hĂ©roe. Poco mĂĄs y ahĂ­ es nada. No lo queramos todo en tres horas que pasan volando frente a la seducciĂłn de la pantalla.

            Lo que sĂ­ es cierto es que la Circe y el Odiseo de Silvia Rins son distintos a los de Nolan y aquĂ­ estĂĄ el riesgo y logro de la autora, aunque no hubiera sobrado hacerle un hueco a la ninfa Calipso, que tambiĂ©n tendrĂ­a un papel en los muchos hilos de este libro. La Circe y el Odiseo de Rins, en el poema En los brazos de Circe especialmente, una vez mĂĄs rompen con el tĂłpico literario, aprovechando el marco necesario para el salto mortal, convirtiĂ©ndose ella en guĂ­a y mentora:

            «(
) En el pasado ya te hablaron de sus hechicerĂ­as y subterfugios: la copa con Ă©xtasis dionisĂ­aco que embriaga el espĂ­ritu y el bĂĄculo que retiene los huesos en su lecho; de zalamerĂ­as mĂĄs irresistibles que los cantos de las sirenas y el ojo de los cĂ­clopes. ÂĄCĂłmo me gusta engañarte, gazmoño aventurero! (
)» [xii]

            y convirtiendo a Odiseo en un vanidoso que solo se quiere a sĂ­ mismo y solo busca la vanidad del hĂ©roe, al mĂĄs puro estilo campeador castellano:

            «(
) La naturaleza de Circe es compasiva por definiciĂłn. Te otorga lo que tu hambre desmesurada implora. Eres libre, siempre lo has sido. Admite, cabrĂłn desagradecido, que ella Ășnicamente alimentĂł el deseo y tĂș añadiste la concupiscencia. (
) Fue tu salvadora hasta que la abandonaste y cronistas tan ruines como tĂș escribieron la historia de su lujuria, no la de tu traiciĂłn. (
) mientras te abrazas con todas tus fuerzas a la cintura de la diosa prĂłdiga. Un cerdo de su propiedad exclusiva. No quieres volver a por PenĂ©lope. Ítaca ya no es tu hogar. (
)» [xiii]

            En cualquier caso, la libertad tambiĂ©n es el territorio natural de la literatura y Silvia Rins se la toma muy en serio y con todas las consecuencias. AsĂ­ lo ha hecho con este poliĂ©drico Follar por amor, amar por placer. Yo lo recomiendo desde la necesidad del placer poĂ©tico y el enriquecedor revisionismo de la tradiciĂłn.

            Lavs Deo.


[i] Follar por amor, amar por placer, Silvia Rins, ColecciĂłn Mayor, nĂșmero 26, Editorial Los Papeles de Brighton, Madrid, 2026.

[ii] Cielos e inviernos, Irigoyen, RamĂłn, Editorial HiperiĂłn, Madrid, 1979,

[iii] Follar por amor, amar por placer, Silvia Rins, pĂĄgina 24.

[iv] Ibidem, pĂĄginas 32 y 33

[v]PoesĂ­a de Garcilaso de la Vega, Manuel Cifo GonzĂĄlez, pĂĄgina 158, Editorial Santillana Madrid, 1998.

[vi] Follar por amor, amar por placer, Silvia Rins, pĂĄgina 54.

[vii] [vii] Ibidem, pĂĄginas 66 y 67.

[viii] Ibidem, pĂĄgina 82.

[ix] El licor muerto, Giannis Xanthoulis, pĂĄgina 191, Seix Barral, Barcelona,1993.

[x] Cernuda, Luis, poema perteneciente al libro Donde habite el olvido, recogido en la antologĂ­a La realidad y el deseo (1924-1962), pĂĄgina 111, Ediciones Vitrubio,Madrid, 2013.

[xi] Follar por amor, amar por placer, Silvia Rins, pĂĄgina 89.

[xii]  Ibidem, pĂĄgina 23

[xiii] Ibidem, pĂĄgina 23

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