María T. Andruetto
La revista Palabras de Poeta con dirección de Hernán Jaeggi y Carlos Garro Aguilar, ha hecho de la difusión y la reflexión en torno a la poesía, una forma de militancia cultural. Abierta como está a poetas y poemas de distintas estéticas, generaciones y procedencias, recupera voces olvidadas de nuestro país y de Latinoamérica, con el oído atento al descubrimiento de nuevas voces. Antes de ser una revista, fue (y sigue siendo) un ciclo de lecturas y un espacio de comunicación e intercambio con lectores y escuchas, en la sintonía de mostrar y difundir desde Córdoba expresiones poéticas con una mirada federal y latinoamericana y entendiendo este hacer como una conciencia crítica que intenta movilizar de manera vital las energías sociales. Los aquí reunidos, pertenecientes a diversas estéticas, pero fundamentalmente descentrados, se interpelan en un momento social complejo, compartiendo unas veces preocupaciones estéticas y otras veces coincidencias temáticas, por lo que ya sea desde lo formal, ya sea desde lo temático, podemos encontrar en esta selección numerosos hilos de un tejido subterráneo.
César Vargas enhebra en su palabra a rebeldes, opresores, oprimidos, represores, desaparecidos, las Madres de la Plaza y se detiene en la memoria de aquel camión que se le aparecía por las noches, cargado de alaridos, al soldadito del 76, en Monumento al soldado desconocido. Esa preocupación social y urbana alimenta la poesía de Gladys Alazraque con sus referencias a la memoria social (Un país/ entre zarzamoras/ salpicado con el tinte de la carne/ y los pañuelos blancos desatados), ambiental, encuentra cierta consonancia con la obra de Aldo Parfeniuk que, en una línea de fecunda tradición en nuestro país, visita los paisajes y su gente, la denuncia del progreso que destruye lo verdadero y da sostén a una poesía con fuerte enraizamiento en la canción popular. También Flavia Soldano pone la mirada en lo social y en lo amoroso, pero por caminos formales muy distintos, hinca el universo biempensante mientras disgrega, rompe, desvía violenta en su exploración el maridaje entre formas y fondo (Mirame me dijiste// y te vi / en el Riachuelo/ colgada del puente / como una sábana / como una pluma).
Hernán Jaeggi, en su trabajo -tanto formal como temático- con el silencio y la escucha, hace de una condición personal, de una merma, un hallazgo estético en torno al Oír (Soy un río de oír/ que no baja los brazos, / con hambre de escuchar/ que busca ganarle terreno/ al silencio). La tensión entre palabra y silencio como esencia de lo poético está en Silvia Barei, al mismo tiempo que la escucha de las voces de los otros, más aún de las otras, desde Pizarnik a Storni, desde VielTemperley a Osvaldo Bossi, la poesía es en ella homenaje, reconstrucción de una genealogía. Al igual que ella, Marcelo Faggiano va hacia lo social, las mujeres, las luchas feministas y hacia un ajuste de cuentas con las ilusiones pasadas como podemos ver en Fecunda persistencia, dedicado a sus compañeros de militancia poética joven (Pensábamos amigos cambiar el mundo/ con la ingenua pólvora de las palabras/ con el machete afilado de las frases). Tina Elorriaga trabaja sobre cuerpo, género, violencia tensionando la intimidad del yo con el nosotras. Vemos ahí resistencia al amor romántico, la madre, la muerte, la infancia, la vida rural. Búsquedas con las que se enlaza Marcela Rosales, aunque con una mirada más vuelta hacia el paisaje, hacia la naturaleza, en tensión entre lo urbano y lo rural (Arriba en / los patios-pajarera de los edificios, la ropa/ nunca se seca. Ya sé decirlo: el olor de las magnolias es revulsivo// Es de noche. La podredumbre del día se acumula/ en las aceras. Falta el aire. En los ojos desvelados/ de dos niños cabe todo el infierno).
El amor, la mujer, lo perdido atraviesan la obra de Claudio Amancio Suarez (Fuimos el recuerdo parcial/ de los incendios extraviados en el fuego/ que en silencio explota, / al amparo del poema, / que todavía no sabemos escribir). La poesía de Julio Castellanos, marcada por el escepticismo, es un lugar de análisis existencial, sostenido en el extremo cuidado de la escritura, para que nada se derrame en sentimentalismo, para que nada pierda nunca su elegancia (Llega también el día en el que nada/queda por decir: entonces constatamos/ que ha crecido la distancia/ entre los objetos que perduran/ y las viejas palabras que designan, nos dice en Naranjas amargas). En él la sombra de una mujer que es siempre otra, que son muchas y siempre es Ella, hace sistema con la escritura de Carlos Garro Aguilar donde la indagación existencial y el amor son la materia central, en este caso por un camino más lujoso y sensual (Dulce lujuria del satén…/ El aire huele a opio/ a secreción. / Saxífraga./ Damasco./ Granada hendida:/ tu sexo se abre/ trasegando la miel). Ese uso lujoso de la lengua es lo que caracteriza también a Hugo Rivella con su adjetivación surreal, desbordante de musicalidad, de erotismo y de asombro y esa fe en la poesía como lugar de iluminación (Toma esta palabra sostén su corazón para que no se hunda/ cuando pasen los años y seas un arabesco indescifrable).
En Bernardo Schiavetta, la preocupación por las formas es absoluta y va en busca de su máxima expresión, una poesía hecha de simetrías, de espejismos, que provoca el curioso efecto de lo antiguo anidando en lo más vanguardista (…vives y olvidas vidas vidas vidas/ gestos fugaces haces haces haces/ y es tu jornada nada nada nada/ pero en extraños años años años/ serás reflejos lejos lejos lejos/ todos los seres eres eres eres/ que han sido amantes antes antes antes). También Omar Emilio Spósito recorre ese camino, con sus juegos de ritmos, de rimas y humor negro, en sus poemas paranoicos y poemas autocensurados. Es singular y disidente el camino de Alejandro Acosta a partir de personajes y hechos históricos, en una poesía que visita con eficacia y resonancias singulares el castellano arcaico tanto como personajes de otras centurias, usando como referencia los Comentarios Reales del Inca Garcilaso (Erróse en los pronósticos primeros/ Erróseen los hechizos, erróse los pases mágicos, / en las muestras y los materiales, / en los corderos overos del sacrificio,/ en el cúmulo de datos,/ en el orden de subordinación). En Gerardo Burton la militancia política, la influencia de Roberto Arlt, del tango, del lunfardo y la gauchesca, confluyen en una poesía de lo guarro, de lo reo que desde los asuntos denuncia y delata y desde las formas rompe convenciones (Chorra / por ser bueno/ nada en la/ ganchera, nada/ ni tu vieja/ ni tu papá). Leandro Calle en un abanico que por momentos se emparenta con Burton y por otros, carga de sensualidad textos que van desde lo social a lo erótico. Poesia política de modos si se quiere mássesgados y un trabajo con las formas, cargado de erotismo (Con agua o fuego/ he decidido/ realizar mi bautismo/ con el semen de dios/ es decir/ su palabra caliente/ como la lengua/ recién cortada/ de un esclavo)
Si en Hugo Luna, la naturaleza y el detalle menor, la sugerencia, ganan la partida, como en el delicado poema Riega el jardín (apenas/ evoca al jardinero/ sobre la rosa// posa/ una llovizna gris// –obrero de la ternura ahora/ que te conozco/ podrías hacerme el pan? / sólo la blancura de tus manos/ se parece a la tierra// al color del perfume/ de la harina esparcida), en Carlos Mullerlo son lo social y la música, en la serie dedicada al jazz y los jazzeros, un mundo de atractivos perdedores como sucede con el conmovedor Ruby May Dear escrito a partir de la música de Thelonius Monk.
He dejado para el final a Antonio Tello, quien no vive actualmente en Argentina y en quien el exilio, la suma extranjería, atraviesan de un extremo a otro su muy elaborada escritura (Aun al amparo del jardín, el extranjero siente el latido y el eco del latido, la doble soledad en las cavernas de su corazón. // Si alguna vez regresa al lugar del que fue desterrado, el hombre comprobará que es otro. Otro él. Otro el lugar. Como si el tiempo de ambos no fuese el mismo, dice en un poema de su libro Odiseo en el jardín de doña Pabla, 2025.
A este tan breve panorama sobre los poetas aquí antologados, quisiera agregar que cada uno de ellos tiene un extenso recorrido estético y que esta es apenas una muestra de la poesía que se lee entre nosotros, escrita por hombres y mujeres a los que la vida social y el centón que tejen las palabras en una comunidad, no les son indiferentes, porque es tarea del poeta hacer una sociedad mejor que la que ve.





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